VISIONES
Notas sobre la escritura, el amor y Ezra Pound
La casa estaba oculta por las grandes ramas. Había alguna carreta o carruaje ocasional que venía de la carretera, más allá del seto. A intervalos de media hora, pasaba traqueteando un tranvía. No podía perder el último y el tren a Wyncote, en la línea principal.
—Hay otro tranvía dentro de media hora —dije—, preparándome para bajar de la cofa.
—No, Dríada —dice él—. Me agarra para que vuelva. Nos balanceamos con el viento. No hay viento. Nos balanceamos con las estrellas. No están lejos.
—No —digo, deshaciéndome de su abrazo—. No —digo apartándome de sus besos—. Me adelantaré y pararé el tranvía, no, rápido, coge tus cosas, libros, lo que sea que dejaste en el vestíbulo.
—Los recogeré la próxima vez —dice él.
—Corre —digo—. Corre.
Coge el tranvía justo a tiempo, balanceándose peligrosamente, casi sin parar, parando a medias. Ahora debe hacerles frente en casa.
—Llegó tarde otra vez.
Mi padre estaba dando cuerda al reloj.
—¿Dónde estabas? Te estaba llamando, ¿No me has oído? ¿Dónde está Ezra Pound?
[H.D. Visiones, Bamba Ed. Madrid, 2025. Página 29. Traducción de Eva Gallud]
