jueves, 18 de agosto de 2016

Coches y tranvías yendo de acá para allá


Cormac McCarthy 
(1933
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La música cesó de repente y solo se oyó el incómodo moverse de la multitud, el rumor grave de los motores. Los banderines y los carteles fueron quedando quietos para engorro colectivo, como si alguien hubiera muerto, y siguieron así hasta que el último autocar —los rostros menudos mirando solemnes como refugiados— hubo rebasado el puente y por tanto la ciudad. La multitud se fue dispersando en las calles y el tráfico se reanudó, coches y tranvías yendo de acá para allá.

Cormac McCarthy, El guardián del vergel, Debolsillo, Barcelona, 2014. Traducción de Luis Murillo Fort. Pág. 74

jueves, 28 de julio de 2016

No se salen los tranvías de sus carriles


E J E M P L O  D E  O B S E S I Ó N 

Se dio cuenta de que venía a lo lejos un tranvía desbocado, saliéndose y volviendo a entrar en los carriles, porque las vías están imantadas. ¡Ah, gracias a eso no se salen los trenes y los tranvías de sus carriles y no se van al abismo más veces!
 Pensó enseguida: «ese tranvía viene por mí, quiere atropellarme, no hay remedio» y se paró en medio de la vía.
   En efecto, a lo lejos el tranvía venía ardoroso, biselando los raíles, dibujando las curvas con sorprendente y ceñido contoneo, sacando en el acero brillos como los que las buenas planchadoras sacan a las tirillas almidonadas. 
  «No hay remedio —se volvió a decir—, viene por mí, me busca, me sigue disparando, logrará pasar sobre mi cadáver. 
  Y el tranvía desbocado, en la hora de la velocidad, en el delirio del último viaje, con el cartel de A CERRAR en la pechuga pasó por encima del obsesionado. 

Ramón Gómez de la Serna 

Revista Ultra, 22. 1922 (in Rosa Polipétala, ed. de Eduardo Chirinos. Centro Cultural Generación del 27. Málaga, 2015. Pág. 104)

viernes, 1 de julio de 2016

Tranvía amarillento y desvencijado que iba calle abajo


Mempo Giardinelli 
(1947) 
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EPÍLOGO 

Ah, París, con sus cúpulas y sus techos apizarrados trasladándose de los sentimientos a las postales. París. Tan diferente de esta ciudad achaparrada que ahora veía desde el octavo piso del Hotel Guaraní. Esta ciudad subdesarrollada, sucia, pero empecinada en su belleza colonial, en aquel tranvía amarillento y desvencijado que iba calle abajo y se perdía entre las tejas de una casa de, acaso, el siglo pasado. 

Mempo Giardinelli, Luna caliente, Bruguera, Barcelona, 1986. Pág. 164

miércoles, 29 de junio de 2016

Un perro en el tranvía


Imre Kertész 
(1929-2016)
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YO, OTRO 


Las numerosas señoras ancianas, frágiles y delicadas, que se encuentran en Viena. Estiro la mano, ayudo a una a bajar del tranvía o de la acera. Algunas me lo agradecen, otras me miden con una mirada suspicaz; nunca, sin embargo, con la suspicacia con que me miro a mí mismo. (Pág. 19)



Una pareja: arrimados el uno al otro, temblando de frío en la Schwarzenbergplatz, esperando a horas nocturnas el tranvía de la línea D. (Pág. 21)


Canícula en Budapest. Anoche, un perro en el tranvía, un teckel color canela. Abatido, sentado bajo el asiento, a los pies de su amo. Sus ojos negros llenos de una profunda tristeza se cerraban poco a poco. Dos lágrimas bajaban por su cara canosa. Los golpes de la puerta lo aterraban; se incorporó con dificultad, pero enseguida le ordenaron: ¡siéntate!, y hasta le empujaron el trasero hacia abajo. Obedeció pestañeando apáticamente. En cada uno de sus rasgos traslucía la absoluta futilidad de la existencia y, al mismo tiempo, la paciencia a la que lo obligaba un hechizo… (Pág. 26)


Para mi desgracia me encuentro en el tranvía con Sz., que se ha venido abajo a ojos vistas, por así decirlo, y está hecho un cascajo. Me reconoce. Hace tiempo que no me ve, dice. Menciono, olvidando toda cautela, mi estancia en Múnich. Empieza a enumerar sus recuerdos de Múnich de los años sesenta. Que recogía guijarros en el curso superior del Isar, que recibió sesenta marcos del ayuntamiento, que se compró una herramienta que ha cuidado tanto que hasta el día de hoy ni siquiera ha usado, etcétera, así hasta el infinito. (Pág. 54)


El calor sofocante en el tranvía, los rostros desgastados, dementes o brutales, la joven mujer con la falda subida que «se humedece los labios» coquetamente con la lengua color violeta que parece una sanguijuela hinchada. (Pág. 103)


Por la noche, mientras cruzaba ese apocalipsis llamado Moszkva Tér, oí un fuerte golpe que provenía de los mal iluminados raíles del tranvía. (Pág. 119)


Luego —¿o es que ocurrió antes?—, cuando corro tras el tranvía en Basilea, y el agua me entra por el cuello bajo la ropa y borbotea en mis zapatos. (Pág. 133)

Imre Kertész, Yo, otro. Crónica del cambio. Acantilado, Barcelona, 2002. Traducción de Adan Kovacsics.

miércoles, 1 de junio de 2016

En el centro de esta inmensa cinta


Una sola calle de 500 metros de anchura y de la longitud que fuere necesaria, entiéndase bien, de la longitud que fuere necesaria, tal será la ciudad del porvenir, cuyos extremos pueden ser Cádiz y San Petesburgo, o Pekín y Bruselas.
    Pónganse en el centro de esta inmensa cinta, ferrocarriles y tranvías, cañerías para el agua, el gas y la electricidad, estanques, jardines y, de trecho en trecho, pequeños edificios para los diferentes servicios municipales. 

ARTURO SORIA Y MATA, «Madrid remendado y Madrid nuevo», El Progreso 6 de marzo de 1882

sábado, 14 de mayo de 2016

Una caja de vidrio


Federico García Sanchiz
(1886-1964)
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EL FANAL DE AMSTERDA

...y los tranvías, que consisten en una caja de vidrio, desmelenando, con su rápida marcha agitando al viento su resplandor. 

«El fanal de Amsterdam», in Federico García Sanchiz, Barcos y puertos, C.I.A.P., Madrid, 1930. (Pág. 60).

martes, 19 de abril de 2016

El tranvía barre las calles


Elías Moro
(1959) 
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MORERÍAS TRANVIARIAS 

El tranvía barre las calles llevándose consigo los últimos transeúntes despistados. 
* 
Las roderas de los coches en la nieve semejan los raíles de algún tranvía fantasmal. 
Los tranvías avanzan hacia su refugio con un brillo de melancolía en las ventanas.
*

Elías Moro, Morerías, Ediciones Liliputienses, Cáceres, 2016. [Págs. 28, 31 y 52]

sábado, 2 de abril de 2016

Se adivinaba el tranvía


Joan Perucho 
(1920-2003)
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Quedaron restos de las coronas, alguna flor de siempreviva, minúsculos desperdicios de lustrina funeraria. Cuando la puerta del piso se hubo cerrado, durante cinco o seis minutos, por primera vez, la soledad y el silencio quedaron subrayados por la sorda y distante vida de la calle. El vidrio de alguna ventana trepidaba suavemente al impulso del rumor apagado de un coche: se adivinaba el tranvía, el eco de una voz. Una insólita hoja de árbol fue proyectada, yerta, contra el balcón, hizo un movimiento circular y se detuvo casi en el borde mismo de los hierros de la baranda.

Rosas, diablos y sonrisas. Madrid, 1990. Pág, 123

sábado, 26 de marzo de 2016

ENDECASÍLABO TRANVIARIO V

45

¿Se habrá subido 
en el primer vagón
o en el segundo?

46

Cruce de vías:
traqueteo y violín
desafinado.

47

Entre la gente,
uno más se detiene
frente a las tiendas.

48

Ángel diario.
Milagro cotidiano.
Perenne don.

49

Suben los niños 
al vagón del tranvía.
Es una fiesta.

50

Recorre calles 
sin cansarse. Pregona:
«Salid de casa».

51

Quieren las ramas 
entrar por la ventana
y así colarse.

52

El tranviario
quiere salir en fotos
con su tranvía.

53

Baja a orinar 
el conductor. Un mozo
voltea el trole.

54

Día de huelga.
Los raíles se aburren.
Los cables sueñan.

55

Cuando no viene,
espera gris la espera,
no quien aguarda.


jac

domingo, 20 de marzo de 2016

En tranvía


Maria Gabriela Llansol

(1931-2008)
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[DIARIO, 1979]

Lo que vivimos, lo colocamos en los sueños que tenemos. Me quedé dormida y tuve un sueño:
                viajo en un tranvía, en Lisboa, y reconozco, poco a poco, al hombre sentado a mi lado; pero su presencia me parece muerta, o distante. Con el tiempo, sin acontecimientos que puedan describirse, yo, el hombre, y su mujer, nos hacemos amigos. Estoy contenta por haber vencido mi repugnancia a establecer relaciones, y de disfrutar con aquel encuentro. También en la casa de la calle Domingos Sequeira se dieron cuenta de que salgo muchas veces.  (pág. 18)


[DIARIO, 1983]

Desde la plaza Camões hasta la calle Domingos Sequeira, siguiendo por la línea del tranvía, recapitulo mi primera geografía, incluso la de las piernas menudas, que ni siquiera eran capaces de vencer aquel camino tortuoso a pie. Qué hermoso es hoy este camino modesto, de tienda arcaicas, que evocan aún gustos rurales y descubrimientos de aldea. Nada más llegar a Lisboa, en un paseo corpóreo meditativo, enlazo los dos puntos uno al otro, y realizo la primera dislocación con sentido. Ahí me constituí, y aquel viaje que hacía con mi madre al centro, en tranvía, casi siempre para comprar tejidos y vestuario, artículos de mercería, botones e hilos, es mi viaje ancestral, la jovencita de la que la que me liberé. (pág. 137)


Maria Gabriela Llansol, Um falcão no punho; Relógio d'Água, Lisboa, 1998. [Traducción JAC]

martes, 8 de diciembre de 2015

La cochera de los tranvías


Peter Handke 
(  1  9  4  2  )
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ENSAYO SOBRE EL LUGAR SILENCIOSO 

DURANTE LOS AÑOS en los que estudiaba en la universidad, el váter como lugar de asilo perdió importancia. En vez de él vinieron cada vez más edificios, espacios y lugares. Y en estos ya no tenía que entrar físicamente. Por regla general bastaba simplemente con que viera «el objeto que necesitaba». Este podía ser un cobertizo, en alguna parte, para guardar herramientas, la cochera de los tranvías, un autobús que había quedado vacío durante la noche, un búnker subterráneo, aunque estuviera medio destruido por un ataque de sabe Dios qué guerra.


AVECES ESTOS MOMENTOS de ocultamiento y protección se encontraban solo mirando al suelo, al adentrarse uno con la mirada en las vías del tranvía, a la vista de la arena y las hojas que había allí. Entonces esto se convertía en un lugar silencioso, aunque el mismo tiempo se oyera el sonido estridente de la campana del tranvía y aunque en la curva, que estaba cerca las ruedas arañaran las vías produciendo un chirrido como nunca lo hubiera hecho una tiza gruesa sobre una pizarra. Metiéndose en estas vías y olvidándose de uno mismo, unas vías en las que no había nada a excepción de arena y hojas, uno se sentía dentro y sin que nadie pensara en uno (por una vez un «uno» así está en su sitio), sin querer propiamente refugiarse dentro de una hoja marchita, enrollada, que es lo que quisiera un yo de un poema de Hermann Lenz.

Peter Handke, Ensayo sobre el lugar silencioso, Alianza Literaria, Madrid, 2015. (Págs. 41-42) Traducción de Eustaquio Barjau

jueves, 26 de noviembre de 2015

Se deslizaba como una aguja de oro

Artur Kletenberg, Maqueta para el cartel ¡Levanta la producción!, 1924 

José Rivas Panedas
(1898-1944)
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EL TRANVÍA


El tranvía se deslizaba como una aguja de oro hilvanando la sotana de la ciudad nocturna, y hubo un momento en el que la sonrisa de aquella nena encendió la plataforma, toda grave de noche, una mañana dulcemente clara, haciendo cantar a las ruedas como pájaros y entristecerse el estío de billetes secos, que floreció de pronto en el suelo como un recuerdo. 

Revista Tableros, 3, 1922 (in Rosa Polipétala, ed. de Eduardo Chirinos. Centro Cultural Generación del 27. Málaga, 2015. Pág. 105)

domingo, 1 de noviembre de 2015

Por las vías del tranvía


El artista no debe ir por las vías del tranvía.

VÍKTOR SHKLOVSKI, LA TERCERA FÁBRICA, FCE ARGENTINA, 2012, TRADUCCIÓN IRINA BOGDASCHEVSKI, PÁG. 72

martes, 27 de octubre de 2015

Y el trolley violinista


Jorge Luis Borges
(1899-1986)
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TRANVÍAS

Con el fusil al hombro los tranvías
patrullan las avenidas
Proa del imperial bajo el velamen
de cielos de balcones y fachadas

verticales cual gritos

Carteles clamatorios ejecutan
su prestigioso salto mortal desde arriba
dos estelas estiran el asfalto
y el trolley violinista

va pulsando el pentagrama en la noche
y los flancos desgranan
paletas momentáneas y sonoras

 Ultra, 6, 1921
(in Rosa Polipétala, ed. de Eduardo Chirinos. Centro Cultural Generación del 27. Málaga, 2015. Pág. 99)

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Desde el tranvía



JOSIP OSTI 
(1945)
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Desde el tranvía, 
todos ven Trieste, 
sólo yo Sarajevo. 


Traducción de BORIS A. NOVAK. BOLETÍN DEL TALLER DE TRADUCCIÓN LITERARIA DE LA UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA NÚMERO 16. Pág. 7

viernes, 11 de septiembre de 2015

Seguir a una dama que después de mirarlo sube a un tranvía


ROBERTO ARLT 
(1900-1942)
_________________ 
AGUAFUERTES 


Muchos psicólogos han estudiado la personalidad de don Juan Tenorio, pero nadie lo ha hecho desde el punto de vista de diez centavos, o sea don Juan Tenorio frente al problema de no tener diez centavos para seguir a una dama que después de mirarlo sube a un tranvía. (...) 
   Caminaba por la calle y, de pronto, una muchacha se complació en mirarlo. Lo miró recatadamente dos o tres veces, y de pronto se detuvo en una esquina para tomar el tranvía. Y nuestro hombre también se detuvo, pero pálido. No tenía diez centavos. En ese momento no tenía los diez centavos indispensables para pagar su boleto y seguir a la amable desconocida. Cuando llegó el coche ella subió y luego se quedó mirándolo con extrañeza de ver que él permanecía como un poste en la ochava, mirándola desaparecer. Nuestro individuo dejó caer la cabeza sobre el pecho, y permaneció allí atontado varios minutos. Había perdido la posible felicidad por diez centavos. Estaba seguro que había perdido su felicidad. ¿Cómo sería el amor de esa muchacha que lo había mirado tan profundamente? 

Roberto Arlt, Aguafuertes, Losada, Buenos Aires, 1958. Pág. 52

jueves, 3 de septiembre de 2015

En uno o más coches de tranvía


Robert Walser
(1878-1956)
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EL AYUDANTE 


En el curso del día siguiente creyó haber captado lo esencial de aquel «reloj publicitario» al comprender que el lucrativo invento consistía en un reloj ornamental que Herr Tobler estaba a punto de alquilar a administraciones ferroviarias, dueños de restaurantes, hoteleros, etc. «Un reloj de aspecto tan bonito», calculó Joseph, «puede colgarse por ejemplo en uno o más coches de tranvía, en un lugar donde salta a la vista de todo el mundo, de suerte que lo usuarios, nuestro prójimo, puedan regular sus relojes en base a éste y saber en cualquier momento si es tarde o temprano. La verdad es que no está nada mal», siguió pensando muy serio, «sobre todo porque tiene la ventaja de estar vinculado a la publicidad.» 

Robert Walser, El ayudante, Alfaguara, Madrid, 1982. Pág. 19. Traducción de Juan J. del Solar

viernes, 21 de agosto de 2015

Con el tranvía


IAIN SINCLAIR
(1943)
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«AVISO A TODOS LOS PASAJEROS. 
TREN CANCELADO»: LA CÚPULA 

A finales del siglo pasado, era posible llegar a la City en diez o doce minutos, con el tren o el tranvía. Hoy en día solamente hay muchedumbres esperando autobuses fantasmas. Impera una cultura de la espera. Mientras bajaba de Lewisham a Greenwich, descubrí a gente cuya vida giraba alrededor del tiempo que pasaban en las paradas de autobús. Se entregaban a reminiscencias y gemían. Discutían sobre enfermedades diversas y fantaseaban sobre sus posibilidades de llegar algún día a alguna clínica o a la consulta de un médico. Luego se iban a casa.

Iain Sinclair, La ciudad de las desapariciones. Alpha Decay. Barcelona, 2015. Traducción de Javier Calvo. Pág. 153

viernes, 7 de agosto de 2015

Sombra de los cables del tranvía


GIUSEPPE UNGARETTI 
(1888-1970)
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TEDIO

También esta noche pasará

Esta soledad en torno
titubeante sombra de los cables del tranvía
sobre el húmedo asfalto

Miro las cabezas de los cocheros
en el entresueño
vacilar
                        La alegría, 1914



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PEQUEÑO MONÓLOGO

[…]
En todas partes, por la escalera del buque,
Por las calles atestadas,
En los estribos de los tranvías,
Ya no hay nada que no baile,
Sea cosa, bestia o gente,
Día y noche, noche
Y día. Porque es Carnaval.
[…]
                               Un grito y paisajes, 1952

Ungaretti, Vida de un hombre (Poesía Completa), Ediciones Igitur, Montblanc, 2015. Traducción de Carlos Vitale. Págs. 23 y 200.

sábado, 25 de julio de 2015

Tranvías incisivos


FERNANDO FERRERÓ
(1927)
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CADENCIA\7

Olores de humo.
Tranvías incisivos
que cortan vacilantes
las calles. Golondrinas
cuyo volar casuístico 
no se llega a entender.
Actitud reflexiva
del pensador entre sucesos
inquietantes.

Cadencia, Col. La gruta de las palabras nº 90. PUZ, Zaragoza, 2015. Pág. 15

martes, 23 de junio de 2015

ENDECASÍLABO TRANVIARIO IV

34
Por dónde irán
lo tienen decidido
desde el principio.

35
Alza los brazos
hasta la catenaria
como un acróbata.

36
Un mecanismo
que mueve un corazón
dócil y eléctrico.

37
Una ventana
con vistas renovadas
en cada cruce.

38
Van dando vueltas
y revuelven el tiempo.
No son relojes.

39
Nunca adelanta
a un tranvía el siguiente.
Sin competencia.

40
Todas las luces
se apagan. En silencio.
Se fue la luz.

41
Sigue el abuelo
llevándonos tan bien
a cualquier parte.

42
También amigo
de juegos pirotécnicos
sin ser San Juan.

43
Nunca protestan 
ni se quejan, fantasmas, 
los pasajeros.

44
Llovizna y niebla. 
Los charcos hoy dibujan 
luz de tranvía.

jac