miércoles, 16 de julio de 2014

Tomaron el tranvía para ir a respirar el aire libre de las afueras


Franz Kafka 
(1883-1924) 
_______________ 

LA METAMORFOSIS 

Luego, salieron los tres juntos, cosa que no había ocurrido desde hacía meses, y tomaron el tranvía para ir a respirar el aire libre de las afueras. El tranvía, en el cual eran los únicos viajeros, hallábase inundado de la luz cálida del sol. Cómodamente recostados en sus asientos, fueron cambiando impresiones acerca del porvenir, y vieron que, bien pensadas las cosas, este no se presentaba con tonos oscuros, pues sus tres colocaciones —sobre las cuales no se habían todavía interrogado claramente unos a otros— eran muy buenas y, sobre todo, permitían abrigar para más adelante grandes esperanzas. 

La metamorfosis. Editorial Losada, Buenos Aires, 1943. Pág. 88. Traducción de Jorge Luis Borges.

martes, 24 de junio de 2014

El tranvía hacia Roslagstull


Tomas Tranströmer 
(1931)
______________________ 

MUSEOS 


Un domingo sí y otro no, más o menos, iba al museo de Historia Natural. Tomaba el tranvía hacia Roslagstull y caminaba los últimos kilómetros. El camino era siempre un poco más largo de lo imaginado. Recuerdo esas caminatas muy bien; siempre con viento, se me caían los mocos, lagrimeaba. No recuerdo las caminatas en sentido contrario; es como si nunca hubiese vuelto a casa, como si tan solo hubiese estado yendo hacia allí, un paseo expectante, moqueado y lagrimeado hacia el enorme edificio babilónico. 

Visión de la memoria, Nórdica Libros, Madrid, 2012. Traducción de Roberto Mascaró. Pág. 21

jueves, 19 de junio de 2014

Llevaba mucho tiempo sin viajar en tranvía


Joseph Roth
(1894-1939)
____________________ 

Andreas Pum llevaba mucho tiempo sin viajar en tranvía. Lo recordaba como un simpático medio de locomoción. Siempre había dos o tres pasajeros que le ofrecían a la vez sus asientos. Su pata de palo, su traje militar, que llevaba en los días laborables, y su flamante cruz hablaban a la conciencia de la gente, aun de aquellos prójimos malhumorados que, siempre afligidos y como atormentados por mil injusticias, andaban por el mundo con la intención de amargar la existencia a cuantos se les ponen por delante. En el tranvía, Andreas Pum veía siempre caras obsequiosas. 

Joseph Roth. La rebelión. Acantilado. Barcelona, 2008
Traducción F. Formosa. Pág. 61

martes, 17 de junio de 2014

La conductora del tranvía tiró de freno eléctrico


Mijaíl Bulgákov
(1891-1940)
 _____________________ 

Berlioz no gritó pero, en torno a él, con voces de mujeres desesperadas, empezó a chillar la calle entera. La conductora del tranvía tiró de freno eléctrico, el vagón clavó el morro en el suelo, después dio inmediatamente un respingo, y, con un tintineo y un gran estruendo, salieron volando los cristales de las ventanillas. Entonces, en la mente de Berlioz alguien gritó con exasperación: «¿Es posible…?» De nuevo, y por última vez, la luna pasó fugazmente ante sus ojos, pero rompiéndose ya en mil añicos, y luego todo se oscureció. El tranvía embistió a Berlioz y un objeto redondo y oscuro salió disparado hacia la pendiente adoquinada, cerca de la reja del paseo de los Estanques. Tras rodar a lo largo de esta pendiente, fue saltando por los adoquines de Brónnaia. Era la cabeza cortada de Berlioz.


—¡Oh, sí, claro!—le interrumpió Koróviev, quitándose el pañuelo de la cara— ¡Nada más verle, pensé que era usted! —sacudido por el llanto se puso a gritar—: Qué desgracia, ¿eh? Qué cosas pasan en nuestros días, ¿eh? 
—Le atropelló un tranvía, ¿no?—preguntó en un susurro Poplavski. 
—De lleno —gritó Koróviev, y las lágrimas corrían a raudales por debajo de sus quevedos— ¿De lleno! Lo vi todo. Créame, ¡paf! ¡Y la cabeza por el aire! Luego la pierna derecha, ¡crac! ¡Cortada por la mitad! Y la izquierda, ¡crac! ¡Por la mitad también! ¡Ya ve cómo se las gastan estos tranvías!—y, al parecer, incapaz de contenerse, Koroviev hundió la nariz en la pared, junto al espejo, todo él estremecido por los sollozos.


Mijaíl Bulgákov. El Maestro y Margarita. Ediciones Nevsky. Madrid, 2014
Traducción de Marta Rebón. Págs. 72 y 267

domingo, 1 de junio de 2014

Volando sin dirección fija

Dibujo de Dan Potra

Benito Pérez Galdós
(1843-1920) 
_________________________

A medida que era más intenso aquel estado letargoso, se me figuraba que iban desapareciendo las casas, las calles, Madrid entero. Por un instante creí que el tranvía corría por lo más profundo de los mares: al través de los vidrios se veían  los cuerpos de cetáceos enormes, los miembros pegajosos de una multitud de pólipos de diversos tamaños. Los peces chicos sacudían sus colas resbaladizas contra los cristales, y algunos miraban adentro con sus grandes y dorados ojos. Crustáceos de formas desconocidas,  grandes moluscos, madréporas, esponjas y una multitud de bívalos grandes y de formas cual nunca yo los había visto, pasaban sin cesar.  El coche iba tirado por no sé qué nadantes monstruosos, cuyos remos, luchando con el agua, sonaban como las paletadas de una hélice, tornillaban la masa líquida, con su infinito voltear.          Esta visión se iba extinguiendo: después parecióme que el coche corría por los aires, volando sin dirección fija y sin que lo agitaran los vientos. Al través de los cristales no se veía nada, más que espacio: las nubes nos envolvían  a veces; una lluvia violenta y repentina tamborileaba en la imperial; de pronto salíamos al espacio puro, inundado de sol, para volver de nuevo a penetrar en el vaporoso seno de celajes inmensos, ya rojos, ya amarillos, tan pronto de ópalo como de amatista, que iban quedándose atrás en nuestra marcha.

viernes, 30 de mayo de 2014

La parada del dolor y del olvido


Jordi Bonells
(1951)
______________________ 

EL OLVIDO 

Sueña que va subido en un tranvía rojo repleto de gente. Está en la plataforma trasera. Hace un calor tremendo. Siente cómo las gotas de sudor le chorrean por la espalda y por las axilas, empapando la camiseta y la camisa blanca de manga corta que lleva puestas. Durante el trayecto se distrae leyendo los anuncios publicitarios que adornas la cornisa superior del tranvía […]. Al cabo de un rato, toca la campana para pedir parada pero el tranvía no se detiene. Se diría incluso que acelera. A codazos y empujones se abre paso por el pasillo para ir a quejarse al conductor, el cual, de pie, con un traje de pana ligera de color beige, frente al puesto de mando y sin soltar la manivela, le trata con displicencia: ya he oído la campanita, caballero, pero se equivocó usted de parada… cómo va a saber usted mejor que yo dónde me tengo que apear, le argumenta Pedro Pich… porque lo sé y punto, para eso estoy, tranquilícese, aquella parada no le convenía… a nadie le conviene… nunca me paro ahí… era la parada del dolor y del olvido…. Frene ahora mismo, grita Pedro Pich, enfurecido… Muy bien, caballero, pero yo ya se lo he advertido, comete usted un grave error… Pedro Pich salta entonces en marcha sin esperar que el tranvía se detenga del todo y tiene que correr unos metros junto a él para no perder el equilibrio arrastrado por la fuerza cinética… entonces el tranviario se asoma al pescante y le grita riéndose: eres un imbécil, solo intentaba ayudarte, eres un cabezota, allá tú… Pedro Pich, que hasta ese instante no le había prestado atención, se da cuenta de que el tranviario es su hermana… ¡qué haces de tranviaria… no es un trabajo de mujeres!... ¡no te metas en mi vida!, tiene tiempo de gritarle antes de que el tranvía se aleje por una pendiente hasta perderse de vista, y con él la hermana que no para de reírse… 

Jorge Bonells, El olvido, Planeta, Barcelona, 2001. Págs. 45-47

domingo, 25 de mayo de 2014

La mujer gritó al tranvía que se marchaba


Bohumil Hrabal
 (1914 1997)
_____________________ 

EL 13

Cuando salimos bajo el palacete, las pardas ya estaban iluminadas, vino el trece, una mujer se subió al último coche con un carrito, alguien la ayudó, pero el cobrador cerró la puerta antes de tiempo y la mujer tenía el carrito agarrado por fuera y el tranvía se puso en marcha y la mujer seguía cogiendo el asa del carrito y con saltos ridículos corrió tras el tranvía gritando, pero el tranvía no se detuvo y el carrito dio contra una farola, crinch, y el carrito se partió, la gente que esperaba al siguiente tranvía gritó o se apoyó contra el muro del palacete, varios osados corrieron hacia el carrito, Egon Bondy se quedó pálido… pero del carrito partido se desparramaron con estrépito botellas de cerveza y el olor de la cerveza vertida llenó la calle… y la mujer grito al tranvía que se marchaba: ¡Las veinte cervezas me las pagas, cabrón. ¡Señores!, señaló a Vladimír y Egon, ustedes son mis testigos, ¿lo declararán? Egon Bondy berreó: Botellas, botellas, ¿Dónde está el bebé? ¡Han crujido unos huesos! Y la mujer dijo: Lo que ha crujido es la caja de las botellas, no esperará que una vieja cargue veinte cervezas ¿no?

Tierno bárbaro. Galaxia Gutenberg. Círculo de Lectores. Traducción Kepa Uharte. Pág. 21

domingo, 18 de mayo de 2014

Endecasílabo tranviario II

12
No es el gallo
quien anuncia la aurora.
Primer servicio.

13
Extraña magia
de las líneas siempre
en paralelo

14
Sentada lee.
Sus ojos en la página,
también los míos.

15
El cobrador.
Con un guante de goma
en el pulgar.

16
Conversaciones.
Historia incompletas
y comprendidas.

17
Para alcanzarlo
corro por la avenida.
Y lo adelanto.

18
Nervioso, antes.
Con mirada perdida,
después. Tristón.

19
Ventana abierta,
verano. Ya cerrada,
llega el otoño.

20
Alguien que cruza.
Resuena la campana
del conductor.

21
Nievan los olmos
de la gran alameda
sobre las vías.

22
Algunos jaikus
pensados en tranvía
tienen memoria.

jac

lunes, 12 de mayo de 2014

Dudaba si el tranvía podría ir fuera de la ciudad conmigo dentro

Foto Mario de Biasi

Fernando Sanmartín 
(1959) 
________________________ 

El tranvía del capitán Marlow 


Aunque alguna vez he ido completamente solo en el autobús y he notado la revelación de los enigmas. Algo parecido me sucedió en Milán. Fue de madrugada. Iba en un tranvía al que subí lejos del centro porque me fue imposible coger un taxi. Vi calles que me parecieron deshabitadas, calles fuera del tiempo envueltas en un halo metafísico, calles donde no caminaba nadie. El silencio era una contraseña mientras dudaba si el tranvía podría ir fuera de la ciudad conmigo dentro. Hasta que se detuvo al final de la línea, junto a una estación de tren hermosa y fronteriza. 

 Fernando Sanmartín, Notas sobre Zaragoza del capitán Marlow, Xordica, Zaragoza, 2014. Pág, 30.

domingo, 11 de mayo de 2014

lunes, 5 de mayo de 2014

Endecasílabo tranviario I

01
Hacia Tarzán
en brazos de mi padre.
Primer tranvía.

02
Cuando de noche
se llena el cielo negro
de chispas, llueve.

03
Un escalón
más alto que mi altura.
¿Un diplodocus?

04
Única vía
que se convierte en dos,
¿cuál seguiré?

05
Siempre en silencio
baja y sube la gente
en la parada.

06
En el estribo
le desmelena el viento.
Qué buena foto.

07
Cartel que oscila
bajo la catenaria
entre chirridos.

08
Sala de espera
en la extraña consulta.
Doctor Destino.

09
Deja la tarde
melancólicas luces
de traqueteos.

10
Mirada dulce
que cuando baja mira.
Primer amor.

11
Endecasílabos
escritos en tranvías,
tiemblan un poco.

jac

domingo, 4 de mayo de 2014

La panza roja y negra de los tranvías


Ana María Matute
 (1926)
______________________ 

LUCIÉRNAGAS

En los locales públicos había espejos y cristales con las iniciales de partidos políticos. CNT, UGT, FAI, que también girtaban desde la panza roja y negra de los tranvías, las traseras de los coches, la paredes de las casas.
_______________________

Salieron en silencio. Durante el trayecto Eduardo no dijo nada. Las calles estaban a oscuras y no funcionaban los tranvías. Descendieron por Muntaner cogidos del brazo. Sol sentía la mano de él extrañamente apretada.

Luciérnagas, Destino, Barcelona, 1993.  Páginas 85 y 153.

lunes, 21 de abril de 2014

Donde los tranvías duermen

Cocheras
Larvas de insecto.
Los sueños detenidos
de cualquier cita.


 Leeds
Fuente de surcos
hendidos en el suelo.
Un surtidor.


 Hiroshima
Plumier de lápices.
Ya saben el dibujo
que van a hacer.


 Rotterdam
Todo funciona,
los mecánicos fuman.
La madriguera.


 Sendai
Aves de hielo.
Trazan las catenarias
su vuelo quieto.


 Dublín
Conversaciones,
encuentros, amoríos.
En el estante.


Sydney
Arte ruidoso.
Cuando en silencio tejen
ya las arañas.

jac


Para leer en el tranvía






Interior con tranvía

martes, 15 de abril de 2014

Un frágil tranvía


Nos hallábamos en la afueras de alguna ciudad. Las lámparas de las casas de campo dieron paso a bloques de cemento de tristes viviendas, todas iguales. El tren pasó retumbando sobre un puente elevado; debajo, un frágil tranvía, abarrotado de gente que iba al trabajo, tomaba una curva como si fuera un desvencijado bobsleigh. No tardamos en detenernos en un estación, y entonces comprendí que aquello debía de ser Varsovia. 

 Truman Capote. Los perros ladran. Ed. Quinteto. Traducción de Damián Alou. Pág 209.

viernes, 4 de abril de 2014

Un tranvía llamado Irati


Rafael García Serrano 
(1917-1988)
______________________ 

PLAZA DEL CASTILLO (1951)


El paso del Irati tan desacorde como las bocinas de los autos que pasaban por Carlos III cuando en el escenario del Gayarre recitaba Carmen Díaz, gorda, morenaza y quinteriana, el hermosos gaudeamus de «El genio alegre». ¿Dónde se ha visto que un tranvía arrastrase cargas de madera por el centro de la ciudad, perfumándola de golpe con unas ráfagas de poblado canadiense, de frescura de selva? ¿Dónde se ha visto un tranvía de semejante porte, alto y desvencijado, ruidoso, familiar y estrambótico?

sábado, 29 de marzo de 2014

Como si lo hubieran tirado del tranvía por la ventana


Jaroslav Hašek
(1883-1923)
____________________________

TRES AVENTURAS DEL SOLDADO SVEJK 


Un tal Josef Kalenda, jardinero de Strasnice, también se alejó de su casa un día. Se fue al barrio vecino de Vinohrady y se paró en la taberna La Parada. Allí aún se encontraba bien, pero al caminar por la avenida Korunní hacia la iglesia de Santa Ludmila, mientras se dejaba caer en todos los bares que hallaba por el camino, comenzó a sentir náuseas. Pero no se dejó descorazonar por un malestar sin importancia, y es que la noche anterior, todavía en Strasnice, había apostado con un conductor de tranvía que daría la vuelta al mundo en tres semanas. 
*** 

[Tynecky era] una persona muy juiciosa, pero de repente le entraron ganas de viajar y llegó hasta Italia. Después sólo hablaba de este país; decía que allí había agua pantanosa y, aparte de eso, nada que valiera la pena. Y a causa de aquella agua pantanosa cogió fiebres, que lo asaltaban cuatro veces al año. Por Todos los Santos, por San José, por San Pedro y por la Asunción. Cuando le subía la fiebre creía reconocer a todo el mundo, incluso a los que no conocía de nada, igual que le pasa a usted. Por ejemplo, en el tranvía se dirigía a cualquiera y le decía que lo conocía, que se habían visto en la estación de Viena. 
*** 

Un atardecer el señor Faustyn vino a verme a mi casa en la calle Opatovicka; estaba indignado y fuera de sí, como si lo hubieran tirado del tranvía por la ventana y encima le hubieran robado el reloj. 

Las aventuras del buen soldado Svejk. Editorial Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2013. Págs 602, 716 y 736. Traducción de Monika Zgustova.

domingo, 16 de marzo de 2014

El pasajero silencioso

Foto Michela Riva

TRANVÍA JAÉN 

Viajando en tranvía te puedes creer Mozart por la peculiaridad del movimiento y compás de las canciones que podemos componer mentalmente como pasajeros. La visión lúgubre de una calle mojada desde la ventanilla es el ofrecimiento de una imagen única. Mujeres viejas y cansadas, ojos juveniles y pícaros de una muchacha, paradas con pasajeras con paraguas y gabardina, calles y lluvia, tarareo musical, una gran mezcla de alegría y tristeza para el pasajero silencioso. 

 Jesús Garrido
 Blog Corredor Perezoso 2 julio 2010

lunes, 24 de febrero de 2014

Un tranvía amarillo


Francis Scott Fitzgerald 
(1896-1940)
__________________________ 
EL GRAN GATSBY 

Se marchó con la sensación de que si hubiese buscado con más ahínco, la habría encontrado: que la estaba dejando atrás. El vagón de segunda –ya no tenía dinero— era un horno. Salió a la plataforma abierta y se sentó en una silla plegable; desapareció la estación y pasaron ante él las fachadas traseras de edificios anónimos. Luego salieron a los campos primaverales, donde un tranvía amarillo pasó unos instantes a su lado con viajeros que quizá hubiesen visto alguna vez la pálida magia del rostro de ella en una calle cualquiera. 

Ed. Nórdica Libros. Pág 193. Traducción: José Manuel Álvarez

martes, 11 de febrero de 2014

Yo tomé el tranvía


Max Aub
(1903-1972)
_________________________ 

CRÍMENES EJEMPLARES 


Yo tomé el tranvía. La cosa empezó en seguida: me pisó. Sí, me pisó. Me pidió perdón muy atentamente. Me aguanté y no pasó nada. Desde luego un desconocido que le pisa a uno es siempre un ser antipático. Un momento después –creo que a la parada siguiente, a la entrada de la calle Mayor—nos empujaron y aquel hombre me pisó por segunda vez. Esta vez no me pidió perdón. Pero no lo pude resistir: Lo zarandeé. Entonces me pisó por tercera vez. Lo demás lo saben ustedes. Tampoco tengo la culpa de ser representante de la mejor fábrica americana de navajas de rasurar; dejando aparte, que soy muy hombre. 

Crímenes ejemplares. Ed Media Vaca. Pag 63