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viernes, 21 de diciembre de 2012

Tranvía ausente

Dmitry Polgar 


Tranvía ausente 
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Elías Moro Cuéllar 

Ha debido de llover o nevar hace un rato. O está a punto de hacerlo, quién sabe. Hay una gélida costra en el cielo que trasmite un frío húmedo a los ojos de quien contempla la imagen. El tranvía —ausente luciérnaga, oruga huida, reptil de hierro en fuga— ha dejado tras su paso, en medio de los raíles, una silueta femenina a contraluz con un pie medio borroso y en suspenso, un paraguas que ha olvidado cómo cerrarse cuando ya es inútil, algunas leves presencias al fondo en medio del cruce desolado y gris. 
     Aún se sospecha un rumor de temblores en el aéreo y electrificado acero donde a veces se posarán vencejos para sentir una vibración repetida, no muy distinta a sus exactos, frenéticos aleteos. 
      Cuando esa mujer (¿hacia dónde va, quién la espera, cuál el porqué de ese luto?) acabe de pasar ante el objetivo, es posible que vuelva a llover. O a nevar. O que otra distinta luz, más cálida, alumbre una vaga melancolía y la fije, perenne e indeleble, en la memoria.

martes, 20 de noviembre de 2012

Tranvías y leones


Elías Moro Cuéllar 
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ME ACUERDO... 

Me acuerdo de la queja de Valle-Inclán acerca de que una vez no le dejaron subir al tranvía porque iba acompañado por dos leones. 

Me acuerdo de que Gaudí, el arquitecto de las curvas, murió atropellado por un tranvía cuando iba camino de su misa diaria.

domingo, 13 de septiembre de 2009

El lamento de los tranvías mientras se pierden de vista


Elías Moro Cuéllar
( 1 9 5 9 )
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HE NOMBRADO

He nombrado lo que en la sombra no se ve:
el canto estéril de los metales entre las manos del herrero,
la paciencia de quien escucha las entrañas de la noche
y es feliz con su vigilia,
el sosiego que se ha perdido desde tus labios hasta mi huida,
el lamento de los tranvías mientras se pierden de vista
por las rampas del olvido,
el olor del pan sobre la mesa del hambre y la penuria,
la caricia que se esconde entre los pliegues de tus manos,
el temor del solitario y sus ensueños

he nombrado todo lo que he podido,
lo que en la sombra no se ve

ahora es el turno del silencio

jueves, 18 de junio de 2009

El tranvía homicida

Dresde. Foto de Herr Böb.

José María Cumbreño

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Febrero de 2008

La escapada de los jueves por la mañana. En la librería San Francisco. Sobre las estanterías del fondo, un rótulo en el que se lee Extremadura. Reproduzco el título de la joya que he encontrado allí.
Vicente Marcos.
Mi tierra. Las Hurdes (Cáceres).
La historia de un extremeño:
—Arrastrado por la ternera.
—
Arrollado por el tractor.
—Atropellado por un tranvía.
A continuación se reproducía, como para conferir más dramatismo aún al relato, las correspondientes fotos de la despiadada vaca, el alevoso tractor y el tranvía homicida.
Daba toda la impresión de que las tres imágenes las habían recortado de cualquier revista.
Con razón decía mi abuela que a ella lo que le gustaba de los libros era mirar los santos.

Límites y progresiones