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lunes, 30 de enero de 2023

En la parada del tranvía



Alberto Tesán 
(1971) 
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Las niñas mezclan bebidas de colores en la parada del tranvía. Has visto cómo les tiemblan las manos. Regresas a casa pensando en ello, buscando algún símbolo. Cuando abres la puerta, lo acabas comprendiendo. Su prisa por crecer. Y tus ganas.

[Alberto Tesán, Gente que bebe, Milenio, Lérida, 2022. Página 101]

lunes, 17 de octubre de 2016

Tranvía al cementerio


Rodolfo Notivol 
(1962) 
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El tranvía nos había dejado junto al cementerio. El sol comenzaba a levantar detrás de las tapias y la sombra de sus muros se estiraba sobre el suelo como si quisiera asustarnos.


Rodolfo Notivol, Autos de choque, Xordica, Zaragoza, 2003. Pág. 9.

sábado, 25 de julio de 2015

Tranvías incisivos


FERNANDO FERRERÓ
(1927)
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CADENCIA\7

Olores de humo.
Tranvías incisivos
que cortan vacilantes
las calles. Golondrinas
cuyo volar casuístico 
no se llega a entender.
Actitud reflexiva
del pensador entre sucesos
inquietantes.

Cadencia, Col. La gruta de las palabras nº 90. PUZ, Zaragoza, 2015. Pág. 15

domingo, 6 de octubre de 2013

Se sienta junto a mí en el tranvía


Josep Pla 
(1897-1981)
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VIAJE EN AUTOBÚS 

Una misteriosa señorita vestida de negro se sienta junto a mí en el tranvía. El único color que lleva encima es el de los lomos de tres libros que asoman de su bandolera, también negra. Curiosamente, me ocurre lo mismo: llevo tres libros. Tres pequeños libros de bolsillo. Yo, en la mano. ¡Qué casualidad! Empiezo a hacer suposiciones. Simultáneamente me pregunto por qué no soy más directo y le pregunto lo que quiero saber. Lo hago. La señorita está haciendo el Servicio Social. Tiene a su cuidado una pequeña tropa de chavales de Torrero para la que ha elegido tres libros, de su casa, para hacer dictados. Ella desciende en la parada del Puente del Canal. Yo sigo hasta el cementerio.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Casi escondida

Juan Bernier
(1911-1989)
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DIARIO


7 de enero de 1937

Zaragoza es una ciudad llana, casi escondida. De lejos es una monotonía de tejados sólo rota, de vez en cuando, por alguna flecha o cúpula… Las avenidas y paseos multicolores de letreros luminosos, plenos de cafés y cervecerías, de cines y establecimientos. Tranvías y autobuses circulan a un lado y otro, y las aceras son hormigueros de gentes apresuradas o de pacíficos paseantes. Uniformes por todas partes, estrellas casi ocultas entre trajes de montaña, entre pieles y guantes de abrigo. Soldados de todos los cuerpos, voluntarios de todas las milicias…

Diario, Pre-Textos, Valencia 2011, págs. 91-92

viernes, 23 de septiembre de 2011

Solía viajar gratis en el tranvía

Fernando Sanmartín
( 1 9 5 9 )
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EL MENDIGO Y EL TONTO

El otro tonto vivía cerca de mi casa. Le obsesionaba saber el día de la semana en el que se encontraba. Y solía viajar gratis en el tranvía y en el autobús urbano. Le gustaba la chica de la floristería y un par de veces quiso arrimarse demasiado, pero ella no se dejó. Era un tonto que abrumaba y se volvía pesado, y en los bolsillos del pantalón llevaba hojas de acacia y chapas de cerveza.

La infancia y sus cómplices, Xordica, Zaragoza, 2005. Pág. 67

sábado, 2 de julio de 2011

Las obras de un tranvía


Ramiro Gairín
(Zaragoza, 1980)
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Dices hazme un poema
con las flores de almendro

ha pasado ya un año desde aquello

la ciudad se estremece
un pequeño temblor que nadie advierte

que llega a las raíces
de los dos ejemplares que resisten
las obras de un tranvía

.............(Zaragoza, marzo de 2010)

Que caiga el favorito, Prensas Universiotarias de Zaragoza, 2011. Pág. 33

domingo, 27 de septiembre de 2009

Los tranvías y trolebuses de mi ciudad


Fernando Sanmartín
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EL ASOMBRO
.
El asombro sirve para vivir, para que sepamos que no todos los portales son iguales, para que la sorpresa se convierta en una pelota de nieve que alguien nos lanza con cariño.
Yo me dejaba asombrar por muchas cosas. Por los tranvías y trolebuses de mi ciudad, hasta que desaparecieron. Por los Ejercicios Espirituales, que tenían algo de extraño dentífrico para nuestras almas. Por Ben-Hur, una película que vi en el cine Fleta y que duraba toda la tarde. Por los vehículos de las funerarias, ante cuyo paso muchas personas se santiguaban, lo cual yo no entendía.

La infancia y sus cómplices,
Xordica, Zaragoza, 2002 - Pag,72.

jueves, 8 de enero de 2009

El tranvía es una imagen


Fernando Sanmartín
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PEQUEÑO DIBUJO SOBRE LO IMBORRABLE

El recuerdo tiene sus disfraces, sus bayetas, sus armarios sin llave y sus cajas de caudales. Pero hay recuerdos, al menos para mí, que son circunferencias en las que uno siempre está dentro. Eso me sucede cuando regreso a una época donde mi ciudad estaba adornada de tranvías y yo, siendo niño, subía en ellos como quien asciende en un globo aerostático.
El tranvía es una imagen. Y es mucho más. Por eso recuerdo los tranvías de mi infancia (sobre todo, los de la línea plaza de España-Venecia), la publicidad que llevaban («Cocinas Corberó», «Centenario Terry», «Cinzano», «Quien calcula… compra en Sepu»), sus billetes con alguna instrucción («consérvese hasta final de trayecto»); y me veo queriendo ser, en algún momento, uno de esos muchachos que se agarraban a la parte trasera exterior para viajar sin billete, acariciando el peligro y la felicidad o ensayando un monólogo breve con lo prohibido.
Desaparecieron los tranvías de mi ciudad. Fue una pérdida. Luego conocí los de Lisboa, que me llevaron al barrio de la Alfama y a Belém; los de Amsterdam, durante unos lejanos días en los que el amor era un estuche hermoso que guardaba otro estuche hermoso; o los que recorren las calles de Heildelberg o de Strasbourg (en éstos, me sorprendió lo que figura en sus vagones: Pour voyager l´esprit tranquille, pensez á oblitérer votre ticket sur le quai avant de monter dans le Tram).
Alguna vez viajo por Zaragoza, mi ciudad. Utilizo ojos de botánico o de violinista ante una partitura mediocre. Y echo en falta los tranvías, sus raíles, una señal que me hable de que existieron. Los echo en falta porque me gustaría, de nuevo, subir en ellos y mirar de otra manera, mirar como un niño desde su columpio o como un hindú en su espacio sagrado, para luego decir, y decirme, cosas que ya no digo.

Viajes y novelerías
AMG Editor, Logroño,2004, págs, 19-20