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miércoles, 12 de agosto de 2026

Los quejumbrosos tranvías


Fermín Herrero
(1963)

LA BELLEZA DE LA POESÍA

Es el valioso futuro, incólume, que me imagino para la poesía, a despecho de su creciente abaratamiento y manoseo. Incluso en el más acertado de los poemas, aquel que descubriera, nombrase y elevara la belleza, que la hubiese aprehendido, como es un arte de fuera a dentro, no podría impedir que la belleza de la poesía se desdibujara. En buena lógica, en esta línea debería dar por terminadas mis zopencas divagaciones. Pero, al poco, siento su llamada, inapelable, y es menester poner en ella los cinco sentidos, velar pendiente, de guardia, o centinela, dispuesto a recibirla, persistir, por pundonor, como los quejumbrosos tranvías de Alfama y el Barrio Alto lisboetas remontando renqueantes los esguinces inverosímiles de las empinadas curvas, mientras me pregunto de dónde dimana, de qué hontanar de sapiencia, qué hay detrás de ella.

(Fermín Herrero, La belleza de la poesía, Eolas Ediciones, León, 2026. Página 25)

miércoles, 25 de marzo de 2026

Tranvía fantasma

 

 

 

PARAÍSO, Revista de poesía, 25. 2025

jueves, 15 de enero de 2026

Ve pasar tranvías


José Saramago

(1922-2010)

Desde la mesa donde está, por los espacios entre las cortinas, ve pasar fuera los tranvías, los oye rechinar en las curvas, el tintineo de campanillas sonando líquidamente en la atmósfera penetrada por la lluvia, como las campanas de una catedral sumergida o las cuerdas de un clavicordio resonando infinitamente en las paredes de un pozo. 

José Saramago, El año de la muerte de Ricardo Reis, Debolsillo, Barcelona, 2015. Página 50. Traducción de Basilio Losada.


miércoles, 18 de diciembre de 2024

Línea 28


Gabriel Insausti 
 (1969)
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SUROESTE nº 14 
Badajoz, 2024

sábado, 12 de octubre de 2024

Noche de Lisboa



Keiichi Tahara (1951-2017). Nuit de Lisbonne, 1988

*

sábado, 10 de abril de 2021

Sarcófago ambulante

David Mourão-Ferreira
(1927-1996)
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PEQUEÑA ODA AL TRANVÍA

 

Colectivo sarcófago ambulante,

llevas cientos de almas, cada día,

(¡oh muerte desleal de los instantes!)

a la conquista pávida, incesante

del venenoso pan de la jornada.

 

Así te yergo como símbolo casi eterno,

¡provisional, oh barca del Infierno!


[David Mourão-Ferreira, Antologia poética, Lisboa, 1983. Pág. 38. Traducción de JAC]

sábado, 27 de febrero de 2021

Tranvía absurdo e irreal

Álvaro de Campos - Fernando Pessoa 
(1988 - 1935)
__________________

TRAMWAY

 

Aquí voy yo en un tranvía, junto a unas treinta o cuarenta personas,

Lleno (solo) de mis ideas inmortales, (creo que buenas).

 

Mañana, puestas en verso, estarán

Por toda Europa, por todo el mundo (quién sabe)

Triunfo, meta, inicio, destello

Que quizá no acabe.

 

¿Y quién sube? ¿Qué siente? El que va a mi lado

Solo siente en mí que soy el que, extraño,

Está en el asiento de la punta, y del extremo, el que ocupa

Quien primero entra.

 

Pero lo importante son las ideas que tengo, en fin,

El resto, el que aquí está sentado, soy yo,

Vestido, visual, regular, siempre en mí,

Bajo el azul del cielo.

 

¡Ah, Destino de los dioses, otorgad al menos el discernimiento,

Al que en mí piensa la vida, de poseer un profundo

Sentido de lo esencial, que sea certero y conciso,

De la vida y del mundo!

 

Sé, bajo el cielo que roza mis ideas,

Bajo el cielo más análogo a lo que pienso conmigo,

Que este tranvía va con los bancos llenos

Hacia donde yo voy.

 

¿Y el aspecto absurdo de todo esto cuál es?

¿Dónde está aquí la equivocación que siento?

Mi razón conmovida aquí pierde pie

Y pensando miento,

 

Pero, ¿a qué verdad miento, qué puente

Existe entre lo que es falso aquí y lo que es cierto?

Si lo que siento y pienso, ni siquiera sé cómo contarlo,

Si lo que queda al descubierto

 

Ahora en mi meditación es tiniebla y abismo,

¿Qué he de hacer de mi consciencia dividida?

Oh, tranvía absurdo e irreal, ¿a dónde van mis cavilaciones?

¿De qué lado está la vida?

 

(1919)

[Traducción JAC]

martes, 9 de octubre de 2018

Abandonarte en un tranvía sin frenos




Golgona Anghel 
(1979)
___________________


Debería escribir cosas más divertidas,
entretener a las masas.
Evitar, al menos, escenas tristes,
cambiarme  de ropa una vez al mes.
Podría, por cierto, alejarme, salir del cuerpo,
de sus humores.
Entrar en la biopolítica, usar sus métodos.
Albergar una idea alegre.
En fin, nada contra los suicidas de carrera
y el resto de performers del más allá.
No es que no me apetezca abandonarte
en un tranvía sin frenos.
Dejarte en un país extranjero,
sin dinero y sin memoria.
No se engañen, aún sé bajarme los pantalones.
Hacer el truco.
Pero si mi psiquiatra lee esto
va a pensar que el tratamiento
ya no funciona.


Golgona Anghel, Nadar na piscina dos pequenos, Assírio & Alvim, Lisboa, 2017. Pág. 18. (Traducción de JAC).

viernes, 24 de agosto de 2018

La compra de un tranvía



Gastão Cruz
(1941)
___________________ 

PRIMERAS VENIDAS A LISBOA 

Una con cuatro, otra con ocho años, mis primeros viajes a Lisboa son todavía, sobre todo el de los cuatro años, fuertes reminiscencias de mi infancia, con episodios nebulosos, difusos, a veces diurnos, otras nocturnos, por ejemplo una visita a la Feria Popular, en el Parque Palhavã, entre la excitación de querer verlo todo, en la noche radiante, y el sueño avasallador que, en el tranvía de regreso a casa (de primos, que alegremente recibían a los parientes de la provincia) se transformaba en invencible y definitivo. ¿Fuera del espacio y del tiempo, el lugar donde, para mi cabeza —incluso convencido la compra de un tranvía— todo era imaginable?

Gastão Cruz, Existência, Assírio & Alvim, Lisboa, 2017. Pág. 54. (Traducción de JAC)

domingo, 11 de septiembre de 2016

Tranvías titilantes


Maria Gabriela Llansol
 (1931-2008)
 ______________________ 

Y QUE NO ESCRIBÍA


… los cuatro volúmenes están completamente encuadernados en piel verde Imperio, trabajados con oro fino y lucen los hierros de la época del Emperador en el punto más alto de la ciudad sobre una pequeña columna de mármol, transferidas las líneas de tranvías titilantes de la borriquilla al caballo, reparo en mí al lado de mi padre verdadero, el deseado, fuerte y casi un viejo, o de mediana edad, calvo como un cráneo, ambos sentados en el banco y acabados de llegar … 

Maria Gabriela Llansol, Depois de os pregos na erva, Afrontamento, Porto, 1973. Pág. 18

lunes, 5 de septiembre de 2016

Intransitable tranvía


Manuel de Freitas
(1972) 
________________________ 

En estos nombres, y en los lugares donde podía encontrarlos sin prisas, se resumía, al fin y al cabo, una ciudad que está siendo ahora saqueada por un nuevo tipo de barbarie: el turismo. La Baixa de Lisboa se ha convertido en irreconocible, recorrida por bandas acéfalas que fotografían ávidamente cualquier retal de calle o de intransitable tranvía. E incluso evito ir a Alfama, invadida por esa misma gente que consigue ser, a pesar de su diversidad geográfica, asustadoramente igual.

In «As coordenadas líricas (urnas no deserto)», Cão Celeste, 9. Lisboa, Julho, 2016

martes, 30 de agosto de 2016

Los tranvías que bajan suicidas


César Martín Ortiz 
(1958-2010)
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Interior lisboeta 1980

La República son unas negras correas y unas botas negras.
Dona Alice las pule, las frota, relucen con brillo elegante y gracioso.
La República es una gorra gris con un galón dorado.
El guardia, de pie en la terraza trasera, de pie en la cocina se toma un café.
Dona Alice se lo ha preparado en un blanco puchero de loza.
Dona Alice abrillanta botones con un trapo sutil
y un producto químico que saca de un frasco especial.
Los hombros del guardia son redondos y rojos igual que su calva.
Redondos y rojos. Está en camiseta sin mangas.
La República es una guerrera con muchos botones dorados.
Dona Alice los frota amorosa, les echa el aliento. Sus dedos tan finos.
Los hombros redondos y rojos del guardia que toma café en la cocina,
el café, el cigarrillo después. La República es ese cepillo
que los dedos delgados tan suaves deslizan por el paño gris.
La República es esa blancura impoluta de la camiseta y de los calcetines.
DonaAlice los lava, los seca, los plancha a diario con amor incesante. Sus dedos finísimos.
El hombre que fuma y que toma café tiene el pecho de un toro.
Rojo vello se asoma al escote de su camiseta.
Dona Alice es delgada, morena, tiene algunas canas, un vestido negro; puede que sea viuda.
Por la noche sus dedos delgados, morenos seguirán frotando,
deslizándose como culebrillas por el pecho frondoso del hombre que toma café,
frotando, puliendo, tan dulces, mojados en líquidos suaves,
mientras los tranvías que bajan suicidas Calçada da Estrela
chasquean con dedos de hierro gigantes, torcidos, la noche de agosto
y lanzan al cielo chispazos violentos como flores de orgasmo.

César Martín Ortiz, Cien centavos, Baile del Sol, Tenerife, 2016. Pág. 103-104.

domingo, 20 de marzo de 2016

En tranvía


Maria Gabriela Llansol

(1931-2008)
______________________


[DIARIO, 1979]

Lo que vivimos, lo colocamos en los sueños que tenemos. Me quedé dormida y tuve un sueño:
                viajo en un tranvía, en Lisboa, y reconozco, poco a poco, al hombre sentado a mi lado; pero su presencia me parece muerta, o distante. Con el tiempo, sin acontecimientos que puedan describirse, yo, el hombre, y su mujer, nos hacemos amigos. Estoy contenta por haber vencido mi repugnancia a establecer relaciones, y de disfrutar con aquel encuentro. También en la casa de la calle Domingos Sequeira se dieron cuenta de que salgo muchas veces.  (pág. 18)


[DIARIO, 1983]

Desde la plaza Camões hasta la calle Domingos Sequeira, siguiendo por la línea del tranvía, recapitulo mi primera geografía, incluso la de las piernas menudas, que ni siquiera eran capaces de vencer aquel camino tortuoso a pie. Qué hermoso es hoy este camino modesto, de tienda arcaicas, que evocan aún gustos rurales y descubrimientos de aldea. Nada más llegar a Lisboa, en un paseo corpóreo meditativo, enlazo los dos puntos uno al otro, y realizo la primera dislocación con sentido. Ahí me constituí, y aquel viaje que hacía con mi madre al centro, en tranvía, casi siempre para comprar tejidos y vestuario, artículos de mercería, botones e hilos, es mi viaje ancestral, la jovencita de la que la que me liberé. (pág. 137)


Maria Gabriela Llansol, Um falcão no punho; Relógio d'Água, Lisboa, 1998. [Traducción JAC]

martes, 16 de junio de 2015

Mientras gira el tranvía


José María Jurado 
(1974)
_____________________

LISBOA ANTIGA

Miro girar los tranvías
sobre la curva
                       amplia
                                de la calle
esmaltada de luz y ropa blanca.

Algo gira en el alma al mismo tiempo:
un puñal amarillo de tristeza.

Y sube a la garganta y a los ojos
esa lenta nostalgia de haber sido
y no volver a ser,
que no es la muerte
sino algo más o menos parecido.

Todo es tan claro ahora,
mientras gira el tranvía junto a los azulejos
y la vieja fachada del café,
como el reflejo
de ese heterónimo viejo
que ves y ya no ves. 



Piedra de Molino. Revista de Poesía nº 22. Primavera 2015. Arcos de la Frontera. Pág. 22

domingo, 22 de marzo de 2015

En el tranvía o en el río



Vicente Valero
 (1963)
 ___________________________ 

EL ARTE DE LA FUGA 


Entregado a sí mismo, inmerso en la desolación de sentirse vivir sin saber por qué, Fernando leía tratados ingleses en su dormitorio mientras oía discutir a sus tías o gritar a la abuela loca, o se subía a un tranvía para poder mirar la ciudad desde una amplia ventana salpicada por la lluvia, para poder observar sin ser visto a las personas que caminaban por las calles con su tristeza a cuestas o con su felicidad, o se sentaba a la orilla del tajo para intentar comprender el misterio de la corriente, pero también para recordar a su madre y poder llorar como un niño abandonado o perdido. Y aquí o allá, en el tranvía o en el río, en aquella habitación de sobrino ensimismado y perezoso, los pensamientos ardían en su cabeza desordenada o manaban desesperadamente hasta estancarse una y otra vez en aguas poco profundas. 

Vicente Valero, El arte de la fuga, Ed. Periférica, Cáceres, 2015. Pág. 84.

domingo, 17 de junio de 2012

Discutiendo a gritos con el conductor

 
Juan Ramón Santos
(1975) 
_________________________
Invasión

El poeta llegó de Tras-os-Montes dispuesto a conquistar Lisboa, a tomar con su propio tropel de heterónimos el relevo plural de Fernando Pessoa, pero ni siquiera alcanzó el Castelo de São Jorge. Fue interceptado en la Rua da Conceição, nada más subirse al tranvía nº 28, cuando, empeñado en pagar un solo billete para toda aquella gente, acabó discutiendo a gritos con el conductor.

Palabras menores, de la luna libros, 2011, pág. 15

lunes, 28 de mayo de 2012

Tranvía fantasma



TRANVÍA FANTASMA

No pasará el tranvía por aquí, recuerda que pensó. Aun a pesar de que por la mañana, en esa misma esquina de la calle Trindade, subiera en un vagón con tos ferina que le llevó a otro extremo de la ciudad desierta.
  Porque así fuera exactamente, de ese modo —vacía, desolada—, como vino a encontrarse la ciudad. 
  Aguardaba, no obstante, a que el milagro del tranvía surgiendo sucediese. Y cuando oyó, por fin, la campanilla comenzó el hundimiento. Igual que si viniera a repetirse el mismo y recordado— terremoto.
  Por suerte, no hubo tal. Era el despertador. Lisboa, ese sueño, también amanecía.

ANTONIO DEL CAMINO

jueves, 23 de febrero de 2012

Los tranvías amarillos

Tomas Tranströmer
( 1 9 3 1 )
____________________

LISBOA

En el barrio de Alfama cantaban los tranvías amarillos en las subidas.
Había allí dos cárceles. Una para los ladrones.
Saludaban a través de las rejas.
¡Pedían que les tomaran fotos!

«Pero aquí» dijo el conductor, riendo como un ser dividido
«aquí están los políticos». Vi fachadas, fachadas, fachadas
y muy alto, en una ventana, un hombre
que con prismáticos miraba el mar.

La ropa colgaba en lo azul. Calientes, los muros.
Las moscas leían cartas microscópicas.
Seis años después pregunté a una señora de Lisboa:
«¿Esto pasó realmente, o acaso lo he soñado?»

El cielo a medio hacer, Nórdica, 2010. Pág. 73. Traducción de Roberto Mascaró.

lunes, 26 de diciembre de 2011

El maquinista de un tranvía recoloca su trole en una curva


Carlos Contreras Elvira
(1980)
_______________________
CASA DA SORTE

Rua da Conceição, mes de noviembre.
Lisboa parpadea con sus luces
mientras el maquinista de un tranvía
recoloca su trole en una curva
en la que una gitana asa castañas.
Qué suerte haber llegado aquí contigo,
disiparnos por Sintra entre la niebla
que fuera tinta aguada de Lord Byron.
Y qué suerte también por esta casa,
por no habernos salido de la guía
aun habiendo tomado tantas curvas.
La voz de Amália empaña los cristales
que enmudecen el ruido de los cláxones
y ya no hay nada más que esta alegría
dejando sus pisadas por el folio.
Qué suerte haber llegado aquí contigo,
confirmarnos al ritmo en que los sueños
ganan en precisión a los recuerdos
que mañana tendremos de estos días.


El eco anticipado. Pre-Textos. Valencia, 2011. Pág. 46

domingo, 11 de septiembre de 2011

El chirrío del tranvía


JUAN FÉLIX BELLIDO
________________________

A Brasileira, detenida en el tiempo;
Pessoa consumiendo ese último sorbo...
el Chiado, Camoens contemplando
desde el cielo enhebrado
que sacude el chirrío del tranvía.
Un mirador con nombre de hombre santo
enfrentado a un castillo
donde el sol reverbera
dorando los tejados de la Alfama.
Parada y vinho verde en La República
para obviar la comida y acariciar soñando
la rebeldía utópica
que aún conservo en mi pecho.
Y tus sabrosos besos por la Baixa;
Jugosos labios sobre la piel morena de tu cara;
tus manos, titubeantes siempre para trazar rutas,
segura y firme agarrada a la mía.
El sol de agosto
sobre tu piel dorada sazonada de océano.
A lo lejos las Indias,
aquí la Torre de Belén,
labrada piedra encallada a la orilla.
Al sur, Al-Andalus
y un tremolar de banderas rotas.
Tus labios y tu piel,
el viento que se enreda en tus cabellos.
Y no saciaba el mar toda tu sed
que quedó desterrada en un abrazo.
Mis brazos te rodearon
y tú te estremeciste;
tu piel cobró el calor
y tu sed y la mía
se saciaron de mar y arena fina.
Era verano
y Lisboa perdonaba las quimeras.

Y tú la mar. Ánfora Nova, Rute, 2003