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sábado, 19 de abril de 2025

Problemas del tranvía



Los periódicos se llenan de quejas contra los servicios de transporte público. Por ejemplo, la compañía ha tomado la costumbre de cerrar las puertas del tranvía que llega a la Puerta del Sol unos veinticinco metros antes de la parada, lo cual indigna mucho al periodista que reivindica el derecho de apearse en marcha en el sitio por él deseado.


Por lo demás, el peligro está en el mismo tranvía. La revista gráfica muestra a los mozalbetes subidos en los topes para no pagar su billete, a ciencia y paciencia de los guardias.

 
Fernando Díaz-Plaja, 1917, Plaza & Janés Editores, Barcelona, 1969. Páginas 185 y 186.

viernes, 14 de marzo de 2025

El mundo reducido


Luis Felipe Vivanco 
 (1907-1975)
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Largos insomnios o noches en preparación desde los catorce años. Y largas tiras del mundo reducido a balcones, o descansos de cine, o plataformas de tranvías, que avanzan a destiempo. Porque se ama sin ecos de vulgares minutos (es decir, de montones de noticias recientes atrasadas). Se ama lejano y solo cuando una letra sola fluye como un arroyo, pero más dolorosa.

 
"Idilios", en: Luis Felipe Vivanco, Lecciones para el hijo, Ed. Aguilar. Madrid, 1961. Pág. 81.

sábado, 14 de agosto de 2021

En un tranvía miré


Jesús López Pacheco 
(1930-1997)
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POR NOSOTROS Y EL AMOR / 7 

En un tranvía miré
tus ojos color de nada. 
¡Ay, qué palacio con ruedas 
y trole el que nos llevaba!
 
 
Jesús López Pacheco, Canciones del amor prohibido, Col. Colliure, Literaturasa, Madrid, 1961

jueves, 26 de julio de 2018

Sesiones de cine de barriada y paseos en tranvía



Juan Goytisolo
(1931-2017) 
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LA ISLA 

Fueron años de sacrificios tenaces, en un piso sin muebles, con sesiones de cine de barriada y paseos en tranvía. Rafael trabajaba día y noche y, durante los cursos escolares, di clases de Geografía e Historia en un Instituto de Segunda Enseñanza. El cuerpo no obedecía como antes, pero teníamos ganas de luchar. Lo que vino luego, ninguno de los dos lo había previsto. 

Juan Goytisolo, La Isla, Seix Barral, Barcelona, 1961. Pág. 54.

jueves, 28 de julio de 2016

No se salen los tranvías de sus carriles


E J E M P L O  D E  O B S E S I Ó N 

Se dio cuenta de que venía a lo lejos un tranvía desbocado, saliéndose y volviendo a entrar en los carriles, porque las vías están imantadas. ¡Ah, gracias a eso no se salen los trenes y los tranvías de sus carriles y no se van al abismo más veces!
 Pensó enseguida: «ese tranvía viene por mí, quiere atropellarme, no hay remedio» y se paró en medio de la vía.
   En efecto, a lo lejos el tranvía venía ardoroso, biselando los raíles, dibujando las curvas con sorprendente y ceñido contoneo, sacando en el acero brillos como los que las buenas planchadoras sacan a las tirillas almidonadas. 
  «No hay remedio —se volvió a decir—, viene por mí, me busca, me sigue disparando, logrará pasar sobre mi cadáver. 
  Y el tranvía desbocado, en la hora de la velocidad, en el delirio del último viaje, con el cartel de A CERRAR en la pechuga pasó por encima del obsesionado. 

Ramón Gómez de la Serna 

Revista Ultra, 22. 1922 (in Rosa Polipétala, ed. de Eduardo Chirinos. Centro Cultural Generación del 27. Málaga, 2015. Pág. 104)

jueves, 16 de enero de 2014

A los segundos estaba el tranvía vacío


No hace muchos meses iba Hoyos y Vinent con su sordera gentil, su sombrero de fieltro arrugado entre las manos y su monóculo bailando un «son» africano sobre la nariz aquilina, en uno de los viejos tranvías que arrastran gente por la ancha calle de Alcalá hasta la Puerta del Sol. No sabemos por qué motivo, la gente empezó a sonreír. El escritor, a observar. Los ojos se clavaban en él como flechas indianas. Las sonrisas se le enroscaban como largas serpentinas molestas en un Carnaval plebeyo. El escritor inquirió, con sus ojos azules de niño grande, a tantos ojos que lo asaeteaban. Se repitieron las carcajadas en su rubia faz de sajón españolizado. Hoyos y Vinent, cuerpo de centauro diestro en el boxeo, empezó a dar bofetadas a diestro y siniestro, con tal fortuna y tal acierto, que a los segundos estaba el tranvía vacío. Algunos se habían tirado por las ventanillas. No aparecían ni conductor ni cobrador. Y a poco más, si no viene un inspector a descongestionar el tráfico, queda interrumpido el servicio tranviario en Madrid. 

Alfonso Comín, Entrevistas literarias, Llibros del Pexe, 1998, págs. 271-272.

domingo, 5 de mayo de 2013

Cercanos y lejanos los tranvías


Francisco Umbral
(1932-2007)
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Bebía mi cerveza a morro, despacio, respiraba cercano, inmediato, íntimo, el perfume de la colonia triunfadora que me había echado, y respiraba en torno el olor de las muchachas, el aroma verde y ya perdido de las parras de aquel patio traspuesto en bailongo, hasta que la noche estival iba descendiendo sobre el suburbio en andas de sus luceros más gordos. Pasaban cercanos y lejanos los tranvías raudos y ya campestres de la Ciudad Lineal. Ladraba el perro del verano en el campo con huertas. Mi vida se quedaba deliciosa y angustiosamente parada. Yo me había echado aquella tarde una colonia de conquistar mujeres, pero no había conquistado a nadie.


La  noche que llegué al café Gijón, Destinolibro, 1980, pág. 88

lunes, 1 de abril de 2013

Desde la parada del tranvía


LUIS MARTÍN SANTOS 
(1924-1964)
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REALIZACIÓN DE UN DESEO 

Mi casa está en el extrarradio y, desde la parada del tranvía, debo andar unos centenares de metros poco iluminados. Al doblar un recodo, me ha salido al paso una mujer —evidentemente una prostituta— que con sencillas palabras me ha propuesto su mercado. A la luz de un farol de gas he observado su aspecto agradablemente pintarrajeado, sus ojos jóvenes, su boca grande todavía fresca. Sonreía mostrando una dentadura sana. Su bien formado pecho se ocultaba apenas bajo su vestido. Me llamaron la atención sus hombros jugosos y blancos. Olía bien. 
  Aprovechando la ocasión que me saltaba al paso, la he saludado correctamente alzando mi sombrero y me he excusado con el pretexto de mi hijo enfermo.
   Es así como —hoy por fin— he podido realizar el deseo —tantas veces insatisfecho— de mostrarme a mí mismo que soy un hombre entero y virtuoso.

Apólogos, Seix Barral, Barcelona, 1970. Pág. 56

jueves, 14 de mayo de 2009

El cumplimiento de todos los sueños

1930

Antonio Crespo Massieu
(1951)
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UN OLOR A VERBENA

Cogían el tranvía y se acercaban a la ribera del Manzanares, se bajaban en la última parada, atravesaban las vías del tren y entonces el mundo era el cumplimiento de todos los sueños. La verbena era la luz cegadora, el olor a churros, a grasa, a aceite hirviendo, a carne quemada con especias. Y también el olor y el sabor dulce de garrapiñadas y del blanco algodón en rama que su padre siempre le compraba.

El peluquero de Dios
Narrativa Bartleby, Madrid, 2009, pág. 12

jueves, 2 de abril de 2009

¿Cómo ha sido eso?


T R A N V Í A

—Don Obrero, ¿se encuentra usted bien? —preguntó Babenberg.
—Sí, no se preocupe, don Leo. Es nada más el tranvía, que ha enganchado a un individuo ahí, enfrente de su casa, y traigo un susto que para qué.
Era sensible, el barbero era sensible. Babenberg llamó a Aquiles y le pidió que le pusiera a don Obrero un brandy. Le dio cuartelillo.
—¿Cómo ha sido eso? –preguntó.
—Espantoso. Estaba a mi lado, ahí, mismamente en la esquina. Iba a cruzar la calle cuando alguien ha pasado corriendo y le ha empujado sin querer y con tan mala sombra que en ese momento pasaba el tranvía. Le ha enganchado y le ha partido en dos. Las piernas se han quedado enfrente del Café Español y el tronco se lo ha llevado Hortaleza para arriba. No sé cuándo habrá parado, yo no me he querido quedar.

Antonio Orejudo (Madrid, 1963)
Fabulosas narraciones por historias, 1996 y 2007

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Los tranvías últimos de la ciudad

Foto: Tranvías de Madrid

Contempló la calle: el autobús circulaba por Arturo Soria y los chalés ente los pinos centenarios, los bloques de apartamentos rodeados de cipreses y arizónicas, conferían a lo que el tiempo atrás fuera un paraje propio, poblado de merenderos y surcado por los tranvías últimos de la ciudad, la condición de territorio ajeno, de lugar inaccesible bajo el sopor del verano.

Manuel Rico, Espejo y tinta
Ed. Bruguera, Barcelona, 2008, pág. 15

martes, 12 de agosto de 2008

Pensó en tranvías

Pensó en tranvías. Se dijo que sobre aquel puente que recordaba de un tiempo remoto, de unos días en paralelo a los de su trabajo en la universidad, a los del amor imposible y de la camaradería impostada, cruzaban los tranvías últimos de Madrid. Tranvías que recordaba de color verde, o azul, quizá rojo, nunca del negro desvaído con que lo recordaban las fotografías de la época.

MANUEL RICO (1952)
Verano, Alianza Literaria, Madrid, 2008, pág. 248

viernes, 21 de marzo de 2008

La palanca mágica del estruendo


José Javier González
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Apenas me aupaba al 27, corría al asiento de madera
junto a quien gobernaba la palanca mágica del estruendo,
el Conductor de gorra y rígido uniforme.

A su envidiada merced, el tranvía eléctrico trabaja y sube,
rueda y se dobla para caber, resopla persiguiendo el fin.

Transporte de inocente apariencia,
baja majestuoso hasta un momento elíptico,
el terrible Silencio de la parada.

Ahí es donde resonaba: vuelve y dame la mano, que es la nuestra …