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sábado, 5 de septiembre de 2026

Alborotaban



Gertrud Kolmar 
(1894-1943)



LA CIUDAD

[...] 

Los tranvías alborotaban alegres, repicaban con fuerza, se escabullían como un golfillo a la entrada del parque. 

[...]

(Gertrud Kolmar, Mundos, El Acantilado, Barcelona, 2005.  Pág. 64. Traducción de Berta Vías Mahou.)

sábado, 24 de febrero de 2024

El cobrador



Peter Handke 
(1942) 
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Subarriendo de una amplia habitación en Berlín-Pankow, el hombre, bebía, cobrador, bebía, panadero, bebía; la mujer iba una y otra vez a ver al patrón, ya con su segundo hijo, y le pedía una nueva oportunidad; la eterna canción.

 
[Peter Handke, Desgracia indeseada, Barral Ed., Barcelona, 1975. Traducción de Víctor León Oller. Pág. 31]

domingo, 13 de diciembre de 2020

Tranvía, matrimonio

Botho Strauß
(1944)
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Hace poco sucedió algo espantoso en Praga. Un matrimonio de edad bajó un domingo en una parada del tranvía e ipso facto fue tragado por la tierra. Una rotura de cañería había provocado un socavón bajo el pavimento y la pareja cayó en él. El hombre, que tenía cincuenta y dos años, pudo agarrarse al borde hasta que le salvaron, pero a su mujer, cuatro años mayor que él, la arrastraron las aguas residuales y se ahogó. Feliz aquel que está ciego para los símbolos… ¡que no le reventó la piel sobre el segundo ojo! Tranvía, matrimonio, parada, corriente subterránea… Una conjunción tan densa de significado en tan reducido espacio tiene por necesidad que descargar en una desgracia.

[Botho Strauß, La dedicatoria, Alfagura, Madrid, 1984. Traducción de Genoveva Dieterich. Pág. 92]

lunes, 6 de julio de 2020

Ir a la escuela en tranvía



Walter Benjamin
(1892-1940)
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Una generación que todavía había ido a la escuela en tranvía de tracción animal se encontraba al descubierto en un paisaje en el que ya nada era reconocible, salvo las nubes, y en medio, en un campo de fuerzas atravesado por tensiones y explosiones destructoras, el minúsculo y frágil cuerpo humano.

Walter Benajamin, «El narrador. Consideraciones sobre la obra de Nikolai Leskov», Obras, Libro II, vol. 2, Madrid, 2009. Traducido por Jorge Navarro Pérez.

lunes, 25 de mayo de 2020

Un pitido de los azules tranvías



Günter Eich
(1907-1972)
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LEMBERG | 2

Pendientes innumerables como el miedo.
El tranvía termina
en una estepa llena de hierbajos
ante puertas gastadas por el uso 

(Mensajes de la lluvia, 1955)



POSTALES VIEJAS | 1

Aquí querría yo ver pasar el tranvía
y columpiarme
sentado en la cadena del monumento a los caídos.
Una señal para sordomudos.
Un sermón para los panaderos,
que se desperezan en el viento de la mañana.

(Para archivar, 1964)


TEATRO DIMITRI

Dimitri tiene su teatro.
Sin indicación del lugar, un rumor
procedente de las hojas de los plátanos,
de la
ropa robada de la cuerda donde estaba tendida,
un pitido de los azules
tranvías de cercanías.

Desconozco el programa de Dimitri.
Pero de noche, sobresaltado,
soy el grito de un arrendajo
en la cercanía de quién,
un abrirse la cortina
sin resultado, un verso
que uno no puede comprender del todo.


Günter Eich, Poesías Completas, La Poesía señor hidalgo, Barcelona, 2005. Traducción de Aina Torrent-Lenzen.

sábado, 20 de abril de 2013

La marquesina del tranvía


DAVID MAYOR 
(1972)
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PRENZLAUER BERG

En una de esas calles furtivas
que finge coquetería de anticuario,
una anciana saca las plantas al exterior
como si fueran un paciente enfermo.
Él, desde la sombra que cobija
la marquesina del tranvía, mira
el esplendor venido a menos
de la anciana, el misterio que persiste
en sus ojos de oro mientras
con levedad se gira al cielo.

Y entonces, como angelical orden,
llueve con lentitud de verano en septiembre
y regresa la noche a incordiar a los insomnes.


31 Poemas. Pre-Textos. Valencia, 2013. Pág. 42

sábado, 19 de enero de 2013

Tranvía geométrico


George Grosz (fragmento)

Bosque de las luciérnagas,
sonata que ensayaba a su regreso
de la escuela en invierno, cobertizo
donde se oía el tren cada mañana  
camino de Berlín. Maleta  
atada con correas, niebla, luces  
a lo lejos de pronto allí delante,  
dos bocadillos, zumo, con las señas  
de una calle en Berlín. Ventana  
hacia un patio interior, gritos, peleas,  
humedades del techo que le dicen,
como fantasmas de cinematógrafo,  
¡qué suerte, en Berlín! Tranvías,
una carta de recomendación
que no tiene. La espera, un balde roto.  
Asentir a un susurro en el café  
es fácil en Berlín. Abrazo  
que aplasta las luciérnagas.

sábado, 4 de junio de 2011

Como si fueran animales traídos a Berlín desde una naturaleza verde y exuberante


Camino al atardecer por el Kurfürstendamm. Me pego a la pared como los perros. Estoy solo, pero tengo la corazonada de que es la providencia quien me guía. A veces me veo en la obligación de bordear con cuidado una verja tras la que hay un jardín. Está prohibido el paso. Envidio a los tranvías, que pueden deslizarse libres y rápidos pore le césped verde que hay en medio de las vías. Han plantado la hierba expresamente para ellos, como si fueran animales traídos a Berlín desde una naturaleza verde y exuberante, y hubiera que recrear, de modo parecido a lo que ocurre con los animales del zoológico, una mísera parte de su hábitat.

Joseph Roth, Crónicas berlinesas

Minúscula, Barcelona, 2006. Traducción Juan de Sola Llovet. Pág.155.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Soltando tacos



Alguien golpeó con fuerza el tacón de la bota de Fabian. Él se volvió con cara de reproche. Había sido el tranvía. El conductor estaba soltando tacos.
—¡Mire por dónde va!— gritó el policía.
Fabian levantó el ala de su sombrero y dijo:
—Procuraré hacerlo.


FABIAN, de Erich Kästner
Minúscula, Barcelona, 2010
Traducción de Miguel Ángel Vega Cernuda
(Pág. 13)

martes, 2 de marzo de 2010

Sin fijarse en el número


Fabian dejó un marco sobre la mesa y se marchó. No tenía ni idea de dónde se encontraba. Si uno sube al autobús de la línea uno en la Wittenbergplatz y en el Potsdamer Brücke hace transbordo y toma un tranvía, sin fijarse en el número, para bajarse del mismo a los veinte minutos, porque de repente aparece una señora que se parece a Federico el Grande, no es de extrañar que no sepa dónde se encuentra.
.
FABIAN, de Erich KästnerMinúscula, Barcelona, 2010
Traducción de Miguel Ángel Vega Cernuda
(Pág. 12)

lunes, 12 de octubre de 2009

El temor a los tranvías

Jordi Bonells
(Barcelona, 1951)
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En el gueto, los niños juegan tranquilamente en medio de la calle sin temor a los automóviles que apenas pasan; en el Ku’damm, los automóviles y los tranvías circulan no menos tranquilamente sin temor a atropellar a los niños que se quedan jugando en los jardines de sus mansiones o andan por la vereda de la mano de un adulto, de su mami, de la mucama o de una tía.
(Pág. 140)
Y del marido de la viuda Gómez... un gallego que había montado un boliche en el Bajo y al que le iba bien antes de que lo atropellara un tranvía... se da usted cuenta, nos decía la viuda Gómez lloriqueando, en Camariñas —eran de Camariñas, en La Coruña— yo insistí para que dejara la mar y la pesca del bacalao porque era peligroso... éramos jóvenes... nos vinimos para aquí por mí y aquí va y le atropella un tranvía... no me lo perdono... no me lo perdonaré nunca, y nos agarraba el brazo para sentirse reconfortada a pesar de nuestro silencio...
(Pág. 150)


Dar la espalda Alianza Literaria, Madrid, 2009