sábado, 27 de febrero de 2021

Tranvía absurdo e irreal

Álvaro de Campos - Fernando Pessoa 
(1988 - 1935)
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TRAMWAY

 

Aquí voy yo en un tranvía, junto a unas treinta o cuarenta personas,

Lleno (solo) de mis ideas inmortales, (creo que buenas).

 

Mañana, puestas en verso, estarán

Por toda Europa, por todo el mundo (quién sabe)

Triunfo, meta, inicio, destello

Que quizá no acabe.

 

¿Y quién sube? ¿Qué siente? El que va a mi lado

Solo siente en mí que soy el que, extraño,

Está en el asiento de la punta, y del extremo, el que ocupa

Quien primero entra.

 

Pero lo importante son las ideas que tengo, en fin,

El resto, el que aquí está sentado, soy yo,

Vestido, visual, regular, siempre en mí,

Bajo el azul del cielo.

 

¡Ah, Destino de los dioses, otorgad al menos el discernimiento,

Al que en mí piensa la vida, de poseer un profundo

Sentido de lo esencial, que sea certero y conciso,

De la vida y del mundo!

 

Sé, bajo el cielo que roza mis ideas,

Bajo el cielo más análogo a lo que pienso conmigo,

Que este tranvía va con los bancos llenos

Hacia donde yo voy.

 

¿Y el aspecto absurdo de todo esto cuál es?

¿Dónde está aquí la equivocación que siento?

Mi razón conmovida aquí pierde pie

Y pensando miento,

 

Pero, ¿a qué verdad miento, qué puente

Existe entre lo que es falso aquí y lo que es cierto?

Si lo que siento y pienso, ni siquiera sé cómo contarlo,

Si lo que queda al descubierto

 

Ahora en mi meditación es tiniebla y abismo,

¿Qué he de hacer de mi consciencia dividida?

Oh, tranvía absurdo e irreal, ¿a dónde van mis cavilaciones?

¿De qué lado está la vida?

 

(1919)

[Traducción JAC]

sábado, 20 de febrero de 2021

Llegaremos pronto a la estación del tranvía

Eugène Ionesco 
(1909 - 1994) 
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DIARIO

Ella y yo estamos en la calle: es la calle de un falso París. Esta ciudad se parece a París, a Zúrich, un poco a las calles de Atenas que se encuentra debajo de la Acrópolis. Es también, un poco, esa ciudad completamente imaginaria, la misma que recorro con frecuencia en mis sueños. Le digo que llegaremos pronto a la estación del tranvía cerca del río o de la ribera, que es un poco el Sena, un poco el lago de Zúrich, un poco también otra corriente de agua. Tomamos el tranvía, que nos lleva suavemente a la ciudad alta, en las montañas. Es una especie de tranvía, una especie de teleférico. Este barrio, le conozco, o esta ciudad, con sus casas altas colgadas de la montaña, que me pone eufórico, porque se encuentra arriba del todo precisamente. El tranvía, o el tren, o el teleférico, pasa por desfiladeros muy estrechos que no dejan sitio más que para los raíles del ferrocarril. Pasamos por un puente no más ancho que una pasarela, escalamos montañas donde los árboles se mezclan a las casas. Volvemos a bajar y, de nuevo, nos encontramos en la ciudad de abajo.


[Eugène Ionesco, Diario, Ed. Guadarrama. Madrid, 1968]

sábado, 13 de febrero de 2021

Sentada en un tranvía

Anna Ajmátova 
(1889-1966) 
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La publicación de La tarde le disgustó tanto que se marchó de viaje a Italia (en la primavera de 1912); sentada en un tranvía, pensaba mirando a los viajeros: «¡Qué felices son: a ellos no les publican libros»!
Mis recuerdos de Petersburgo son muy tempranos: se remontan a 1890. De hecho, es el Petersburgo de Dostoyevski, un Petersburgo anterior al tranvía eléctrico, con carruajes y con ferrocarril urbano de tracción a caballo, lleno de ruidos y chirridos, con un sinnúmero de lanchas y cubierto de pies a cabeza de anuncios que impedían contemplar la arquitectura de los edificios. 


[Anna Ajmátova, Réquiem y otros escritos. Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2000. Traducción de José Manuel Prieto. (Págs. 98 y 101)]

sábado, 6 de febrero de 2021

El pesado rodar del tranvía

W.G. Sebald
(1944-2001)
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AUSTERLITZ

De pronto noté el calor que salía del grueso radiador, repetidas veces pintado con malas pinturas de aceite, bajo la ventana abierta de par en par, oía solo el ruido que subía de la Karmelistská, el pesado rodar del tranvía, los aullidos de las sirenas de la policía y de las ambulancias lejanas, en alguna parte…
A mediados de octubre, dijo Věra, cuando la opereta estaba ya totalmente ensayada, fuimos juntos al ensayo general y, en cuanto entramos en el teatro por la entrada de artistas, dijo ella, yo, aunque antes, en el camino por la ciudad había hablado sin parar, caí en un respetuoso silencio. También durante la representación de las escenas más o menos caprichosamente ordenadas, y luego, al ir a casa en tranvía, estuve extraordinariamente silencioso y absorto en mis pensamientos.

Desde que los alemanes habían dictado normas aplicables a la población judía, solo podía hacer sus compras a determinadas horas; no podía tomar un taxi, tenía que viajar en el tranvía en el último coche, no podía ir a un café ni al cine, ni a un concierto cualquier reunión pública. 

[W.G. Sebald , Austerlitz, Anagrama, Barcelona, 2002. Traducción de Miguel Sáenz. (Págs. 150, 162-163, 174)]

sábado, 30 de enero de 2021

Siempre parado

Joan Vinyoli 
(1914-1984)
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PERIFERIA

Es probable que nunca pueda

tomar este tranvía

siempre parado como todo

lo que resulta útil

de verdad.

         Todas las ventanas

de la casa apagadas.

                   Se comprende

que nunca se aproxime

nadie.

         Dejemos todo

aislado, lejos, que es cuando las cosas

se manifiestan.

         No te estorben

los movimientos.

         Esta larga cinta

de carretera de suburbio solo

indica sitios donde ir,

pero no es necesario ir.

                   Nunca.

                            Quedémonos

aquí.

         Si quieres, cuando ya no consigas

soportar más la soledad

llama al taxi

que está inmóvil también fuera del tiempo.


[Joan Vinyoli, Encara les paraules, Edicions 62, Barcelona, 1973. Traducción de JAC]


sábado, 23 de enero de 2021

Nada ocurre

Leonard Cohen 
(1934-2016)
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NO CAYÓ SOBRE MÍ UNA CRUZ

[…]

Creo que la lluvia no
hará que me sienta como una pluma
cuando llegue esta noche después 
de que los tranvías dejen de funcionar 
porque mi tamaño está ya definido. 
Ámame puesto que nada ocurre.

[…]

Leonard Cohen, Poemas escogidos, Plaza & Janés, Barcelona, 1972. Traducción de Jorge Ferrer-Vidal. Pág. 127

sábado, 16 de enero de 2021

Los tranvías rompían lo blanco

Elena Poniatowska 
(1932) 
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Esta tarde, en la calle de Porfirio Díaz 125, hablamos de fresnos y tranvías, porque antes, en Mixcoac, en San ángel, en Coyoacán, en Tacuba, en Tacubaya, los tranvías eran un acontecimiento, sobre todo los que venían de Xochimilco cargados de viandantes con sus canastas de tomates y de frescas romanitas. Los tranvías rompían lo blanco, hacían temblar los hierros y su ruido nos calaba hasta los huesos. Ahora ya no hay rieles o se han achatado, y los tranvías son unos pobres animales desdentados, su ruido es el menor de los sonidos en medio del estruendo infernal de tantas pisadas gimientes. Hace ya muchos años que Ramón Xirau, Tomás Segovia y tú dejaron de caminar por esta ciudad que ahora nos rechaza. 

Elena Poniatowska, Octavio Paz. Las palabras del árbol, Plaza & Janés, Barcelona, 1998

sábado, 9 de enero de 2021

El capaz tranvía es como un buey

 


Eliseo Diego

(1920-1994)

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EL ÓMNIBUS OSCURO Y EL TRANVÍA

 

El ómnibus oscuro y el tranvía

con su dorada magia polvorienta

vienen mugiendo por la tarde lenta

como en salvaje fiesta viejo día.

 

Crujidores y espesos y a porfía

van devorando las horas cenicientas.

El ómnibus oscuro representa

qué vaga bestia, y el capaz tranvía

 

es como un buey cuya increíble forma

van reduciendo a sigilosa norma

la bendita costumbre y la pobreza,

 

y que al caer la noche y el descanso

lo va ilustrando como un fuego manso

qué servicial y mágica belleza.


domingo, 13 de diciembre de 2020

Tranvía, matrimonio

Botho Strauß
(1944)
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Hace poco sucedió algo espantoso en Praga. Un matrimonio de edad bajó un domingo en una parada del tranvía e ipso facto fue tragado por la tierra. Una rotura de cañería había provocado un socavón bajo el pavimento y la pareja cayó en él. El hombre, que tenía cincuenta y dos años, pudo agarrarse al borde hasta que le salvaron, pero a su mujer, cuatro años mayor que él, la arrastraron las aguas residuales y se ahogó. Feliz aquel que está ciego para los símbolos… ¡que no le reventó la piel sobre el segundo ojo! Tranvía, matrimonio, parada, corriente subterránea… Una conjunción tan densa de significado en tan reducido espacio tiene por necesidad que descargar en una desgracia.

[Botho Strauß, La dedicatoria, Alfagura, Madrid, 1984. Traducción de Genoveva Dieterich. Pág. 92]

jueves, 10 de septiembre de 2020

La monotonía de vías



Stéphane Mallarmé 
(1842-1898) 
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Salvo la monotonía, desde luego, de enrollar, entre las corvas, sobre la calzada, con el instrumento favorito, la ficción de un deslumbrante riel continuo.

***

Largos arrabales prolongados por la monotonía de vías que van a dar a la central nada de extraordinario, divino o completamente surgido del suelo artificial a cambio de las lenguas de asfalto, de nuevo, a hollar, para escapar.

***

[Stéphane Mallarmé. Variaciones sobre un tema, Ed. Vuelta, México, 1993. Traducción de Jaime Moreno Villarreal. Páginas 62 y 127]

miércoles, 26 de agosto de 2020

En el tranvía




—Ar turėsime sėsti į tramvajų, močiutė?

—¿Subimos en el tranvía, abuela?


«Bille» (2018), película lituana dirigida por Inara Kolmane a partir de los recuerdos de la escritora Vizma Belševica (1931-2005), con guión de Evita Sniedze y Arvis Kolmanis.

sábado, 22 de agosto de 2020

El avance de un tranvía



Alain Badiou
(1937)
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O como sucede en [Friedrich Wilhelm] Murnau, en el que el avance de un tranvía organiza la topografía segmentadora de un arrabal umbrío. Digamos que tenemos aquí los actos del movimiento local.


[Alain Badiou, Pequeño manual de inestética, Prometeo, Buenos Aires, 2009. Págs. 127-128]

lunes, 6 de julio de 2020

Ir a la escuela en tranvía



Walter Benjamin
(1892-1940)
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Una generación que todavía había ido a la escuela en tranvía de tracción animal se encontraba al descubierto en un paisaje en el que ya nada era reconocible, salvo las nubes, y en medio, en un campo de fuerzas atravesado por tensiones y explosiones destructoras, el minúsculo y frágil cuerpo humano.

Walter Benajamin, «El narrador. Consideraciones sobre la obra de Nikolai Leskov», Obras, Libro II, vol. 2, Madrid, 2009. Traducido por Jorge Navarro Pérez.

lunes, 25 de mayo de 2020

Un pitido de los azules tranvías



Günter Eich
(1907-1972)
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LEMBERG | 2

Pendientes innumerables como el miedo.
El tranvía termina
en una estepa llena de hierbajos
ante puertas gastadas por el uso 

(Mensajes de la lluvia, 1955)



POSTALES VIEJAS | 1

Aquí querría yo ver pasar el tranvía
y columpiarme
sentado en la cadena del monumento a los caídos.
Una señal para sordomudos.
Un sermón para los panaderos,
que se desperezan en el viento de la mañana.

(Para archivar, 1964)


TEATRO DIMITRI

Dimitri tiene su teatro.
Sin indicación del lugar, un rumor
procedente de las hojas de los plátanos,
de la
ropa robada de la cuerda donde estaba tendida,
un pitido de los azules
tranvías de cercanías.

Desconozco el programa de Dimitri.
Pero de noche, sobresaltado,
soy el grito de un arrendajo
en la cercanía de quién,
un abrirse la cortina
sin resultado, un verso
que uno no puede comprender del todo.


Günter Eich, Poesías Completas, La Poesía señor hidalgo, Barcelona, 2005. Traducción de Aina Torrent-Lenzen.

domingo, 17 de mayo de 2020

Un tranvía así parece que lleva alma



José Martí
(1853-1895)
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TRANVÍAS DE CABLE

Las ciudades que quieran establecer ahora tranvías, deben, antes de echar sus rieles para carros de caballos, hacer examinar los que andan sin ellos, por ser su motor constante un cable que corre dentro de un gran tubo, colocado bajo la superficie de la calle, como se colocan las cañerías de gas o de agua. Este gran tubo tiene una espaciosa ranura en su parte alta, por la cual pasa el timón que maneja el conductor desde su plataforma, y llega hasta el cable, del cual se desase cuando se quiere detener el carro, o se prende cuando se quiere que el carro continúe en movimiento. Lo mismo que las mandíbulas prenden el alimento, lo mismo que los dientes de una draga se cierran sobre las piedras y sedimentos que ha de sacar a la superficie, así asen el cable los dientes, o ruedas, en que remata el timón. Y como el cable está siempre en movimiento, en virtud de la máquina motriz establecida en la estación de que arranca el cable, el carro es arrastrado por él a gran velocidad, sin que esto impida que cuando el conductor lo desee, oprima el freno o timón que por una ranura abierta en el pavimento entre los rieles se comunica con la de la parte alta del tubo, y desasidos del cable a esa presión los dientes del timón, el carro se detenga, por cuanto tiempo se quiera. Con este sistema de tranvía de cable, los carros andan con mucha mayor ligereza; se gasta mucho menos en poder motor, por ser el vapor y su máquina más baratos de comprar y conservar que las pobladas caballerizas que ahora se requieren para los tranvías de tracción animal, y se ocupan menos empleados y menos espacio en las calles. –Sobre que es bueno alimentar la fantasía, y un carro así parece que lleva alma.

La América. Nueva York, junio de 1884
[Crónica completa]

miércoles, 13 de mayo de 2020

¡Ahí estaba el tranvía!



Nicolás Guillén
(1902-1989)
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Situábase usted en una esquina y todo consistía en esperar. La calceta, la lectura de Jorge Mañach o la simple divagación sobre temas no urgidos de resolución inmediata… Cuarenta minutos más tarde era usted sorprendido por un timbreteo inconfundible. ¡Ahí estaba el tranvía! Se instalaba usted en su lenta carroza, en su coche democrático y ya podía dormir seguro de llegar sano y salvo a su destino.
   Ahora, amigos míos —precisa reconocerlo con punzante melancolía— las cosas ocurren de modo bien distinto. El tendido de alambres para los trollies ha cedido bajo la acción demoledora de los años y ya no hay viaje sin accidente. Los cables caen a diario, enroscados sobre la calle como finas serpientes, y durante horas y horas permanece el tránsito paralizado en medio de las cuchufletas e ironías de quienes ante el humillante espectáculo aún se muestran con ánimo de reír.
   A esto añádase el peligro mortal que tal contingencia entraña. Si los dos cables se unen y así los pisa el transeúnte, dícese que la catástrofe es fatal, y lo mismo si en esa forma caen sobre la distraída cabeza del viandante. De donde resulta que un medio de locomoción antaño tan sólido, tan constitucional, tan protector del sistema nervioso, se ha convertido en una permanente invitación a la muerte.

domingo, 26 de abril de 2020

Se puede ver desde el tranvía



Fredrik Nyberg 
(1968)
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GALANTHUS (L. mask.)
Diagonales.

Olor a lejía.

Debo haberme dormido porque me despierto.

La cabeza y el cuerpo son aún una experiencia.

Febrero.
Las aves no pesan casi nada.
En una zona forestal, muy cerca de Vasaplatsen, hay un
árbol –se puede ver desde el tranvía– cuyas potentes ramas parecen
apuntar hacia abajo, contra el suelo.
Yo tengo que ser siempre el que se consuela.

© Fredrik Nyberg
De: Blomsterur
Stockholm: Norstedts, 2000


Traducción de Aleisa Ribalta

GALANTHUS (L. mask.)
Diagonaler.

Doften av klor.

Jag måste ha sovit för jag vaknar.

Huvudet och nacken är ännu en erfarenhet.

Februari.
Fåglarna väger nästan ingenting.
I ett grönområde, alldeles i närheten av Vasaplatsen, finns det ett
träd – man kan se de från spårvagnen – vars kraftiga grenar tycks
sträva nedåt, mot marken.
Jag måste alltid vara den som tröstas.

***



ZEPHYRANTHES (Herb. fem.)
Pierdo el sentido.

Las flores se mecen con el suave viento de poniente.

Las frutas deben madurar y caer bien maduras al suelo.

Estación – Fjällgatan.
Un periódico reposa tranquilo mientras el viento sopla.
De repente localizo todo el dolor en mi costado izquierdo;
me inclino inmediatamente para sentirlo en la parte posterior de la pierna.
Ahora escucho el tranvía que precisamente llega.
Está iluminado
y casí completamente vacío.


Traducción de Aleisa Ribalta


ZEPHYRANTHES (Herb. fem.)
Jag kukar ur.

Blommorna vajar för den milda västvinden.

Frukterna skall mogna och fall mycket mogna till marken.

Hållplats – Fjällgatan.
En tidning ligger stilla och bara blåser..
Jag lokaliserar plötsligt all smärta till min vänstra vad;
böjer mig strax ner för att känna efter där på baksidan av benet.
Nu hör jag att spårvagnen faktiskt kommer. Den är upplyst och
nästan helt tom.

martes, 21 de abril de 2020

El viejo tranvía doce sigue traqueteando



Agneta Blomquist | Lars Gustafsson 
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UN VIAJE CON EL DOS

Un pequeño ejército de niños de guardería marcha en fila hacia el autobús, vestidos con colores llamativos y provistos de mochilitas, dándose la mano de dos en dos, bajo la firme dirección de sus cuidadores, muy probablemente de camino al cercano museo de los juguetes o al de los carruajes y tranvías. Se suben y poco después se bajan ordenadamente, a diferencia del grupo de alumnos gritones de secundaria de Sofiaskolan, que también van camino a algún sitio. Se repite el mismo fenómeno que recuerdo de excursiones parecidas de cuando yo tenía su edad: los cabecillas de la clase se dan prisa por llegar hasta el fondo del autobús para ocupar los asientos más codiciados, mientras la profesora hace todo lo que puede para que no se desperdiguen las diferentes partes de esa multitud chillona. Cuando todos se bajan, reina un silencio y un sosiego visibles. Los que quedamos dentro suspiramos y compadecemos mentalmente a la profesora. (Pág. 73)


EL NOCKEBYTORG DE MI INFANCIA

El viejo tranvía doce sigue traqueteando entre Nockeby y Alvik, aunque ya no tanto como antes. Los vagones se han ido sustituyendo por otros más modernos, y los nuevos son más o menos iguales a los que se ven en el resto de Europa: prácticos, aerodinámicos, pero carentes de encanto. También el doce estuvo a punto de desaparecer en algún momento de los ochenta, pero «se salvó» gracias a una protesta masiva movilizada por los actuales habitantes de la zona, acomodados e influyentes. Y ahora, en Estocolmo, donde en su día se suprimieron las antiguas vías del tranvía, surgen otras nuevas. Por fin se ha entendido que, desde una perspectiva ambienta, el tranvía es preferible al tráfico de automóviles y autobuses. (Pág. 89)


Desde mi infancia más temprana, la zanja que se abría junto al recorrido del tranvía entre Nockebytorg y Olovslund pasó a ser mi escondrijo, naturalmente prohibido. (Pág. 91)

Lars Gustafsson, Agneta Blomquist, Imágenes de Suecia, Nórdica Libros, Madrid, 2018. Traducción de Neila García

martes, 31 de marzo de 2020

Esperando el tranvía



Henry Parland 
(1908-1930)
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EN TÖLÖ
un anuncio de neumáticos,
los mejores del año.
Cada mañana
esperando el tranvía
permanezco en silencio, recogido,
frente a ese
orgulloso, imperativo:
¡c o m p r a!

Anáfora. Creación y crítica  nº19. Pág. 22. [Traducción de Emilio Quintana Pareja].

sábado, 14 de marzo de 2020

En el tope del tranvía



Antonio Beneyto
(1934-2020)
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Al subetopes le daba por soñar en cosas extrañas cuando iba en el tope del tranvía. 
     «Hoy volví a quedarme con el dinero del tranvía. Cuando llegue a la escuela me compraré caramelos y una goma de mascar. Me gastaré todo el dinero. La vuelta la haré a pie. Por las noche los topes van insoportables; con esos hombres de uñas largas y tarteras grasientas: mientras, yo voy recordando las declinaciones en latín del próximo día; o aquella ecuación que no sabía por dónde meterle mano. Sin embargo, el que está detrás de mí en la clase sí que sabe meterle mano a la operación matemática, a su compañero y luego, como es natural, siempre acaba masturbándose con el pensamiento; el procedimiento es muy curioso: primero lo hace con un trozo y al rato con el otro. Yo soy de otra forma de ser. Prefiero ahorrar lo del tranvía y vender un poco de metal y plomo al chatarrero y después irme con una mujer por cinco minutos… Al menos siento los pies fríos en el suelo de la habitación…»

Antonio Beneyto, Algunos niños empleos y desempleos de Alcebate. Editorial Lumen, Barcelona, 1974. [Pág. 37]

viernes, 13 de marzo de 2020

Aquí, mi estimado señor, nunca ha habido tranvías



Giorgo Agamben
(1942)
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Sueño recurrente, que Caproni me narró en varias versiones. Con un amigo toma el tranvía para visitar un lugar que conoce muy bien, «donde voy a menudo, casi como paseo habitual». En un momento mira el reloj y ve que es hora de regresar. Pero cuando busca el final del recorrido del tranvía habitual no lo encuentra y si le pregunta a alguien se escucha que le responde: «”¿El final del recorrido? ¿El tranvía? Aquí, mi estimado señor, nunca ha habido tranvías”. Pregunto a otra persona, la misma respuesta. Comienzo a desconcertarme, a buscar a tontas y a locas. Me pierdo cada vez más. Termino en una zona rural, absolutamente fuera de la ciudad. Perdido por completo todo camino de regreso. Me despierto».

Giorgo Agamben, Autorretrato en el estudio. Adriana Hidalgo editora. Buenos Aires, 2019. [Traducción de Rodrigo Molina-Zavalía y María Teresa D’Meza. Pág. 68]

jueves, 20 de febrero de 2020

Al tranvía de Union Square



Segismundo

Al tranvía de Union Square se subió una muchacha china, tan parlanchina, tan alegre, tan divertida que no hizo otra cosa que reír durante todo el trayecto. Era muy coqueta, llevaba pantalones largos negros, jersey negro, y en la cintura una banda de algodón, e iba de viajero en viajero riendo y bromeando. 

Lars Gustafsson, Segismundo. De las memorias de un príncipe barroco polaco, Muchnik Editores. Barcelona, 1987. Pág. 28. Traducción de Jesús Pardo.

jueves, 13 de febrero de 2020

Frans Hals desde el interior de un tranvía en movimiento



M.S. Lourenço
(1936-2009)
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Música para una noche de «ennui»

En Le côté de Guermantes Proust narra como él mismo ha llegado a esta conclusión, una noche en la que regresaba de casa de la Duquesa de Guermantes y en el carruaje, abatido por una menos que melancólica crisis de ennui, pasa revista a las impresiones de la noche y su atención acaba por detenerse en dos impresiones cuyo protagonismo corresponde a la Señora de Guermantes. La primera era la extraordinaria afirmación que ella había realizado de que es necesario ver la pintura de Frans Hals desde el interior de un tranvía en movimiento, y la segunda su cita de Víctor Hugo, pero del Víctor Hugo de la primera fase, la fase en la que en sus poemas Víctor Hugo piensa, en vez de, como la naturaleza, solo dar qué pensar.

[M.S. Lourenço, Os Degraus do Parnaso, O Independente, Lisboa, 1991. Pág. 48. Traducción JAC]

domingo, 2 de febrero de 2020

Pequeños tranvías azules



Lars Gustafsson
 (1936-2016)
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Los años cincuenta. ¿Cómo los recuerdo? Pequeños tranvías azules recorrían Estocolmo. Herbert Tingsten hablaba por la televisión. Referéndum sobre la cuesitón de la ATP, de la que yo nunca tuve una idea muy clara. Referéndum sobre si el tráfico debiera ir por la derecha o por la izquierda, en el que se vio que lo que la gente quería era que fuese por la izquierda. 
    ¿Cómo iban vestidas las chicas en los años cincuenta? ¿No llevaban unos vestidos de algodón que les llegaban hasta muy abajo, y con cinturones anchos? ¿No hablaban de otra manera que ahora? La verdad es que no lo recuerdo muy bien. 

Lars Gustafsson, Muerte de un apicultor. Muchnnik Editores, Barcelona, 1986. Pág. 177. Traducción de Jesús Pardo

domingo, 5 de enero de 2020

En el tranvía


J V FOIX 
(1893-1987) 
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En Quirc de l’Erminda

Lo he visto yo mismo, cuando salíamos juntos de detrás del ventanal donde leíamos los diarios de no sé bien qué siglo. A Quirce de la Herminda todos le miran y no sabe por qué. Por las plazas y los pasajes; en el tranvía; por las esquinas mal anguladas de los subterráneos; en las tiendas donde compra mecanismos con ruedecitas y esferas de difícil emparejar, extraños berbiquíes y alambre; por los pasillos gélidos del club náutico y por allí donde rondan bípedos con cabeza de billar, le miran y remiran, con la mirada fija. 

J.V. Foix, Darrer Comunicat, Barcelona, 1970 (Traducción de JAC)

sábado, 14 de diciembre de 2019

Subiendo de Moscú en tranvía



Teresa Pàmies
(1919-2012)
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 Jardín Abandonado 

Era el edificio que hacía esquina entrando a mano derecha por el atrio de acceso a la urbanización, subiendo de Moscú en tranvía o trolebús. Había seis arcadas de entrada y salida. Rodeaban los pisos de ladrillo y tenían una altura impresionante. En medio del conjunto de edificios habían reservado un extenso espacio para el ocio de los vecinos, pequeños y grandes. Todo florecía en primavera, tras un glorioso deshielo que fundía la nieve acumulada durante el invierno, la nieve chispeante con la cual los niños amasaban muñecos y construían toboganes para los trineos improvisados con la madera de las cajas de arenques, bultos abandonados a la puerta del Univermark que impregnaban el aire y las manos infantiles de un hedor a pesca salada y confitado estilo siberiano. Un aroma tan evocador como las magdalenas de Proust, con la diferencia de que el olor sutil de magdalena trasladaba al escritor francés a los salones de la aristocracia en decadencia y a mí, el hedor de las cajas de serioixka que los niños del barrio convertían en juguetes me evoca el nacimiento de una sociedad ascendente. En la pobreza, pero ascendente. 

Teresa Pàmies, Jardí enfonsat. Ed. Destino. Barcelona, 1992. Pág. 111-112. Traducción JAC

miércoles, 6 de noviembre de 2019

El horroroso chirriar del tranvía



W.G. Sebald
(1944-2001)
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En aquel entonces, en la segunda mitad del XIX, bajo el gobierno de Morton Peto, surgió, al otro lado del río Waveney, la llamada Ciudad del Sur, la cual contaba con una serie de hoteles que podían satisfacer los deseos de los círculos londinenses más distinguidos, y junto a los hoteles se erigían galerías y pabellones, iglesias y capillas para cada confesión, se construyó una biblioteca, una sala de billar, una casa de té con forma de templo y un tranvía con una terminal suntuosa. (Pág. 57)


Fue una mala noche, pesada, tan sofocante que era imposible dejar las ventanas cerradas. Y cuando las abría se oía ascender el ruido de la circulación del cruce y, cada dos minutos, el horroroso chirriar del tranvía afanándose por el bucle de rieles de la terminal. (Pág. 97)


W.G. Sebald, Los anillos de Saturno, Anagrama, Barcelona, 2008. Traducción de Carmen Gómez García y Georg Pichler.

domingo, 13 de octubre de 2019

El hierro del tranvía retumba en la taza




Rodolfo Häsler 
(1958
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Rodolfo Häsler, Lengua de Lobo, Hiperión, Madrid, 2019

martes, 27 de agosto de 2019

En la noche tranviaria



Jesús Ferrero
(1952)
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Jesús Ferrero, Negro sol, Ed. Pamiela. Pamplona, 1987. Págs. 12 y 13.