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miércoles, 9 de septiembre de 2026

Transportes rápidos y confortables



Samuel Beckett
(1906-1989)


MERCIER Y CAMIER
 
          Si, por el contrario, dijo Camier, juzgamos más acertado volver a la ciudad… 
            ¿A la ciudad?, dijo Mercier. 
    A la ciudad, dijo Camier, volveremos a la ciudad. Disponemos de un ramillete de transportes rápidos y confortables, me refiero, claro está, al tranvía, al autobús y al tren. 
      Pero venimos de la ciudad, dijo Mercier, y ya estás hablando de volver.
 

(Samuel Beckett, Mercier y Camier, Ed. Lumen, Barcelona, 1971. Págs. 56-57. Traducción de Félix de Azúa)

sábado, 5 de septiembre de 2026

Alborotaban



Gertrud Kolmar 
(1894-1943)



LA CIUDAD

[...] 

Los tranvías alborotaban alegres, repicaban con fuerza, se escabullían como un golfillo a la entrada del parque. 

[...]

(Gertrud Kolmar, Mundos, El Acantilado, Barcelona, 2005.  Pág. 64. Traducción de Berta Vías Mahou.)

sábado, 22 de agosto de 2026

Coge el tranvía justo a tiempo



HILDA DOLITTLE —H.D. Imagiste
(1886-1961)


VISIONES

Notas sobre la escritura, el amor y Ezra Pound


La casa estaba oculta por las grandes ramas. Había alguna carreta o carruaje ocasional que venía de la carretera, más allá del seto. A intervalos de media hora, pasaba traqueteando un tranvía. No podía perder el último y el tren a Wyncote, en la línea principal. 

—Hay otro tranvía dentro de media hora —dije—, preparándome para bajar de la cofa. 

—No, Dríada —dice él—. Me agarra para que vuelva. Nos balanceamos con el viento. No hay viento. Nos balanceamos con las estrellas. No están lejos.

—No —digo, deshaciéndome de su abrazo—. No —digo apartándome de sus besos—. Me adelantaré y pararé el tranvía, no, rápido, coge tus cosas, libros, lo que sea que dejaste en el vestíbulo.

—Los recogeré la próxima vez —dice él.

—Corre —digo—. Corre.

Coge el tranvía justo a tiempo, balanceándose peligrosamente, casi sin parar, parando a medias. Ahora debe hacerles frente en casa.

—Llegó tarde otra vez.

Mi padre estaba dando cuerda al reloj.

—¿Dónde estabas? Te estaba llamando, ¿No me has oído? ¿Dónde está Ezra Pound?


[H.D. Visiones, Bamba Ed. Madrid, 2025. Página 29. Traducción de Eva Gallud]


lunes, 12 de agosto de 2024

Olvidados en el tranvía



José Manuel Benítez Ariza 
 (1963)
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He perdido otra vez el sombrerillo de pescador con el que me protejo de la lluvia. Me lo he dejado en el autobús. También podría consignarse de este modo: Los sombreros olvidados en el tranvía —diríamos, por situarnos en los años veinte, que es el tiempo que conviene a las greguerías— son como las cáscaras secas de una nuez que alguna vez contuvo una idea. Pues eso.

José Manuel Benítez Ariza, Año sabático o la novela de un ocioso, Polibea, Madrid, 2024. Pág. 276

sábado, 22 de junio de 2024

No viajan con el tranvía



Paul Celan 
(1920-1970) 
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Prosa de ficción 

¿Sabéis en lo que pienso? Pienso en cómo sería tal vez cuando las montañas blancas que visitamos hace poco se levantaran ahora por su parte y vinieran a visitarnos… Esto produciría un estrépito y estruendo — ¡inimaginable, os lo digo yo! Pues esas no viajan con el tranvía como nosotros, me lo podéis creer, ellas hacen algo así totalmente solas. Y en el camino se pierde también sin duda mucha nieve…
 
Paul Celan, Microlitos. Aforismos y textos en prosa, Ed. Trotta, Madrid, 2015. Pág. 55. Traducción de José Luis Reina Palazón

miércoles, 17 de agosto de 2022

O yendo de un lado a otro en tranvía



César Martín Ortiz 
(1958-2010)
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El joven periodista vestía un traje de algodón crudo de tres piezas, algo arrugado ya, camisa a rayas azules y blancas con puños y cuello postizos, botines blancos. Había dejado el canotier en la percha de árbol de la entrada. Timothy se pasaba el día en la calle o yendo de un lado a otro en tranvía, y por la noche su traje solía tener un aspecto desastroso. Laura se lo planchaba todas las mañanas antes de salir para el trabajo, pero Timothy era uno de esos jóvenes de piernas largas que andan con movimientos sueltos y deportivos y que parecen incapaces de caminar con distinción y sin arrugar la ropa.


Criseida caminaba por una de las calles del centro de la ciudad, no de las más importantes: una calle recta con edificios de ladrillo o de piedra ennegrecida, unos bonitos y otros feos; por cuya calzada circulaban veloces coches y tranvías [...]. Entonces dejó de percibir los ruidos de la calle y pensó que se había quedado sorda y abrió los ojos de nuevo para comprobar cómo los coches y los tranvías continuaban circulando y cómo las personas tosían o hablaban al pasar a su lado [...]. Criseida le ordenó mover los pies. en la acera de la ciudad, una mujer se llevó las manos a la cabeza y gritó horrorizada cuando vio a aquella chica negra, bella y esbelta como una modelo, caminar con pasos maquinales de sonámbula hasta salir de la acera y colocarse en la trayectoria del tranvía.


En la estación de la ciudad alemana compraba un diario, tomaba un tranvía que le llevaba a los últimos arrabales y a partir de allí continuaba a pie.


Se le había hecho raro estar de vuelta en Dresden a primera hora de la tarde nachmittags, con quién hablaré ahora en alemán comiendo una pastilla de regaliz mentolado de las de Eva en el tranvía. 
 
 
[César Martín Ortiz, Necroesfera, Baile del Sol, Tenerife, 2018. Pág. 50, 167, 168, 170, 248, 277]

sábado, 10 de julio de 2021

El hombre tranvía

 


Jonh Hejduk 

(1929-2000)

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8. El hombre tranvía 

El Hombre Tranvía nació en Finlandia. Poco después de su nacimiento llevaron a su madre a un sanatorio del norte. Él recuerda que cuando tenía unos siete años de edad le llevaron a visitarla en tren. Las lágrimas de su madre se congelaron como gotitas sólidas sobre su cara. Él comenzó a contarlas, entonces paró de repente, porque sintió que sumaban los días de su vida. Antes de abandonar la habitación preguntó a su madre si podía coger una de las lágrimas. Ella se quitó una de la mejilla y la colocó en su pañuelo. Después de que su tía lo devolviera a su casa, él abrió cuidadosamente el paño doblado y todo lo que allí quedaba era una mancha húmeda.

Jonh Hejduk, Vícitimas, Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos; Colección de Arquitectura, 27; Muricia, 1993.

sábado, 20 de febrero de 2021

Llegaremos pronto a la estación del tranvía

Eugène Ionesco 
(1909 - 1994) 
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DIARIO

Ella y yo estamos en la calle: es la calle de un falso París. Esta ciudad se parece a París, a Zúrich, un poco a las calles de Atenas que se encuentra debajo de la Acrópolis. Es también, un poco, esa ciudad completamente imaginaria, la misma que recorro con frecuencia en mis sueños. Le digo que llegaremos pronto a la estación del tranvía cerca del río o de la ribera, que es un poco el Sena, un poco el lago de Zúrich, un poco también otra corriente de agua. Tomamos el tranvía, que nos lleva suavemente a la ciudad alta, en las montañas. Es una especie de tranvía, una especie de teleférico. Este barrio, le conozco, o esta ciudad, con sus casas altas colgadas de la montaña, que me pone eufórico, porque se encuentra arriba del todo precisamente. El tranvía, o el tren, o el teleférico, pasa por desfiladeros muy estrechos que no dejan sitio más que para los raíles del ferrocarril. Pasamos por un puente no más ancho que una pasarela, escalamos montañas donde los árboles se mezclan a las casas. Volvemos a bajar y, de nuevo, nos encontramos en la ciudad de abajo.


[Eugène Ionesco, Diario, Ed. Guadarrama. Madrid, 1968]

sábado, 22 de agosto de 2020

El avance de un tranvía



Alain Badiou
(1937)
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O como sucede en [Friedrich Wilhelm] Murnau, en el que el avance de un tranvía organiza la topografía segmentadora de un arrabal umbrío. Digamos que tenemos aquí los actos del movimiento local.


[Alain Badiou, Pequeño manual de inestética, Prometeo, Buenos Aires, 2009. Págs. 127-128]

lunes, 23 de julio de 2018

Se parece tanto como un tranvía a un huevo


MALCOLM LOWRY
(1909-1957)
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ULTRAMARINA 

Hilliot podía ver los tranvías, los ómnibus, la multitud en el mercado; distinguía las letras del cartel de la Standard Oil Company, SOCONY; y allá arriba, en la montaña, un tren subía con infinita lentitud. (Pág. 30)

***

Miró desde la plaza hacia una larga calle. Vio rieles de tranvías y, muy lesjo, dos figuras borrosas que los cruzaban. (Pág. 39) 

***

—Sí, el Sapporo Bar, Hilliot. Sigue por donde van los tranvías, es justo después de la Aduana. Te encontraremos allí esta noche. (Pág. 76) 

***

Camina sin pensar adónde va. Los tranvías corren frente a las oficinas; las madres con abrigos de piel que huelen a tibieza se ajetrean en el Bon Marché con sus hijos de gorras de escolares; más allá, túneles secretos taladran los lúgubres edificios y el ferrocarril que atruena y un montón de puentes que llevan a la plataforma se prolongan en siniestra y desnuda confusión. Resuenan las campanas de los tranvías. Brutales edificios pugnan hacia el cielo por encima de Dana Hilliot. (Pág. 78) 

***

Llegamos a las vías de los tranvías y pronto tres de ellos, atestados, pasaron chillando en rápida sucesión. (Pág. 98)

***

—No, muchacho, se parece tanto como un tranvía a un huevo… (Pág. 115)

***

Las calles fluían como vehementes canales de luz y los automóviles, los tranvías las atravesaban como enloquecidas barcazas de fuego. (Pág. 118)

Malcolm Lowry, Ultramarina, Monte Ávila Editores, Caracas, 1969. Traducción de Alfonso Llanos

martes, 6 de diciembre de 2016

En el tranvía


Esta tarde, en el tranvía [a] Harvard, iba, borracho y lleno de nieve, Poe, ya viejo. 

Juan Ramón Jiménez, Viajes y sueños, Visor, Madrid, 2008, página 102

jueves, 18 de agosto de 2016

Coches y tranvías yendo de acá para allá


Cormac McCarthy 
(1933) 
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La música cesó de repente y solo se oyó el incómodo moverse de la multitud, el rumor grave de los motores. Los banderines y los carteles fueron quedando quietos para engorro colectivo, como si alguien hubiera muerto, y siguieron así hasta que el último autocar —los rostros menudos mirando solemnes como refugiados— hubo rebasado el puente y por tanto la ciudad. La multitud se fue dispersando en las calles y el tráfico se reanudó, coches y tranvías yendo de acá para allá.

Cormac McCarthy, El guardián del vergel, Debolsillo, Barcelona, 2014. Traducción de Luis Murillo Fort. Pág. 74

domingo, 1 de noviembre de 2015

Por las vías del tranvía


El artista no debe ir por las vías del tranvía.

VÍKTOR SHKLOVSKI, LA TERCERA FÁBRICA, FCE ARGENTINA, 2012, TRADUCCIÓN IRINA BOGDASCHEVSKI, PÁG. 72

jueves, 3 de septiembre de 2015

En uno o más coches de tranvía


Robert Walser
(1878-1956)
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EL AYUDANTE 


En el curso del día siguiente creyó haber captado lo esencial de aquel «reloj publicitario» al comprender que el lucrativo invento consistía en un reloj ornamental que Herr Tobler estaba a punto de alquilar a administraciones ferroviarias, dueños de restaurantes, hoteleros, etc. «Un reloj de aspecto tan bonito», calculó Joseph, «puede colgarse por ejemplo en uno o más coches de tranvía, en un lugar donde salta a la vista de todo el mundo, de suerte que lo usuarios, nuestro prójimo, puedan regular sus relojes en base a éste y saber en cualquier momento si es tarde o temprano. La verdad es que no está nada mal», siguió pensando muy serio, «sobre todo porque tiene la ventaja de estar vinculado a la publicidad.» 

Robert Walser, El ayudante, Alfaguara, Madrid, 1982. Pág. 19. Traducción de Juan J. del Solar

jueves, 21 de mayo de 2015

Uno tras otro, cada dos minutos y medio


Erskine Caldwell
(1903-1987)
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En otra ciudad vivimos en un bloque de apartamentos, en la planta baja. Los tranvías cruzaban con estrépito la avenida uno tras otro, cada dos minutos y medio. El estruendoso traquetreo hacía que la cocina y la loza repiquetearan todo el día y gran parte de la noche.

ERSKINE CALDWELL, El sacrilegio de Alan Kent, Navona, traducción de José Luis Piquero, 2011, página 28.

jueves, 19 de junio de 2014

Llevaba mucho tiempo sin viajar en tranvía


Joseph Roth
(1894-1939)
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Andreas Pum llevaba mucho tiempo sin viajar en tranvía. Lo recordaba como un simpático medio de locomoción. Siempre había dos o tres pasajeros que le ofrecían a la vez sus asientos. Su pata de palo, su traje militar, que llevaba en los días laborables, y su flamante cruz hablaban a la conciencia de la gente, aun de aquellos prójimos malhumorados que, siempre afligidos y como atormentados por mil injusticias, andaban por el mundo con la intención de amargar la existencia a cuantos se les ponen por delante. En el tranvía, Andreas Pum veía siempre caras obsequiosas. 

Joseph Roth. La rebelión. Acantilado. Barcelona, 2008
Traducción F. Formosa. Pág. 61

domingo, 1 de junio de 2014

Volando sin dirección fija

Dibujo de Dan Potra

Benito Pérez Galdós
(1843-1920) 
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A medida que era más intenso aquel estado letargoso, se me figuraba que iban desapareciendo las casas, las calles, Madrid entero. Por un instante creí que el tranvía corría por lo más profundo de los mares: al través de los vidrios se veían  los cuerpos de cetáceos enormes, los miembros pegajosos de una multitud de pólipos de diversos tamaños. Los peces chicos sacudían sus colas resbaladizas contra los cristales, y algunos miraban adentro con sus grandes y dorados ojos. Crustáceos de formas desconocidas,  grandes moluscos, madréporas, esponjas y una multitud de bívalos grandes y de formas cual nunca yo los había visto, pasaban sin cesar.  El coche iba tirado por no sé qué nadantes monstruosos, cuyos remos, luchando con el agua, sonaban como las paletadas de una hélice, tornillaban la masa líquida, con su infinito voltear.          Esta visión se iba extinguiendo: después parecióme que el coche corría por los aires, volando sin dirección fija y sin que lo agitaran los vientos. Al través de los cristales no se veía nada, más que espacio: las nubes nos envolvían  a veces; una lluvia violenta y repentina tamborileaba en la imperial; de pronto salíamos al espacio puro, inundado de sol, para volver de nuevo a penetrar en el vaporoso seno de celajes inmensos, ya rojos, ya amarillos, tan pronto de ópalo como de amatista, que iban quedándose atrás en nuestra marcha.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Al entrar en el tranvía


José Ortega y Gasset
(1883-1955)
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ESTÉTICA EN EL TRANVÍA

Pedir a un español que al entrar en el tranvía renuncie a dirigir una mirada de especialista sobre las mujeres que en él van, es demandar lo imposible.
[…]
Hoy he tomado el tranvía y como nada español juzgo ajeno a mí, he ejercitado esa mirada de especialista arriba dicho.
[…]
La expresión más exacta de la tesitura en que nos hallamos, cuando, por primera vez, miramos a una mujer, sería esta que parece sólo un frívolo giro galante: «Toda mujer es guapa mientras no se demuestre lo contrario». Y aún cabría añadir: de una belleza que no hemos previsto.
[…]
A veces, pues, la promesa de belleza no se cumple. Así, me ha bastado mirar un instante a aquella señora que está en el fondo del tranvía para juzgarla fea.
[…]
He aquí cómo yo, desde este humilde tranvía que rueda hacia Fuencarral, envío una objeción al radiante jardín de Academos. Amor, me mueve, que me hace hablar… Amor a la multiplicidad de la vida, que a veces los mejores, contra su voluntad, han contribuido a empequeñecer.
[…]
En la crítica literaria o artística recibe inmediata aplicación: reprodúzcase el análisis motivado por el juicio de la belleza femenina a propósito de una lectura. Al leer un libro, sobre el cuerpo que forma lo leído va golpeando como un íntimo martilleo de agrado o desagrado…
[…]
Pero el trayecto ha concluido. No se puede pedir más por diez céntimos.


El Espectador, 1. Madrid, 1975. Págs. 45-55

jueves, 7 de noviembre de 2013

Bajarme del tranvía


Para nosotros, los repatriados de las Indias, los holandeses tenían un olor a cuerpo no aseado que a veces era tan fuerte que me obligaba a bajarme del tranvía. 

Rudy Kousbroek, El secreto del pasado, Ed. Adriana Hidalgo, 2013, pág. 189 Traducción de Diego J. Puls.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Acecha el tranvía



En Grasse, el perro de Mme. de C..., enamorado de la perra de Marie C..., que vive a unos cuantos kilómetros. Acecha el tranvía, salta a la plataforma. La misma astucia al regreso. 

Jean Cocteau, Opio
Traducción de Mauricio Wacquez, Bruguera Libro Amigo, Barcelona, 1981, pág. 91